ABEL ANÍBAL ALVES



Abel Aníbal Alves

Jugaban por la primera rueda del Metropolitano de 1975, Boca Juniors y River Plate en La Bombonera y previo al partido se hizo entrega de una plaqueta recordatoria a jugadores que habían sido elegidos como integrantes del mejor equipo de todos los tiempos del certamen que organizó y auspició una popular revista deportiva. Esa noche, en el raleado verde del estadio de Boca Juniors, se reunieron grandes figuras del fútbol de todos los tiempos. Carrizo, Perfumo, Marzolini, Méndez, se reunieron allí para recibir los premios que entregaban jóvenes jugadores que integraban la selección juvenil. Entre ellos un modesto muchacho de Olavarría, que formaba parte de las divisiones menores de Boca Juniors, cumplía un sueño que alimentaba desde chico. chocar la diestra de José Manuel Moreno, el ídolo que su padre había tenido tiempo atrás, en sus épocas de pibe. Era Abel Aníbal Alves, alguien que esa noche sonreía estrechando la mano del gran jugador y su cara de pibe se pegó con grandeza de la figura de su ídolo.

Pocos días más tarde, humildemente se encontraría en la primera división de un Boca que estaba a la deriva entre los malos y buenos resultados. tres derrotas consecutivas sepultaban casi para siempre la continuidad del proceso Domínguez con la casaca azul y oro. El partido ante All Boys, ante esa desconfianza que siempre crea el debut de un jugador, Alves lucía la camiseta número diez. Cumplió ni más ni menos en ese primer examen que sirve como definitivo para comprobar si un jugador sirve o no. Una gran maniobra de Marcelo Trobbiani lo puso ante el arquero. La definición fue perfecta, ante la experiencia de Spilinga, un hombre que salía a atorarlo.

En la fecha siguiente acaparaba la atención de los medios que analizaban la actuación de un hombre que había definido un clásico entre Boca Juniors e Independiente, con dos toques precisos ante Perico Pérez. Abel Alves, con esos tres goles  pasó a ser un hombre a quien recurría a partir de entonces el técnico para cualquier emergencia.

A partir de entonces ya nadie dudó de que era un jugador con gran futuro. Criterioso en el manejo del balón, no hacía gala de excentricidades para llevar peligro hacia la valla contraria. Resolvía casi siempre haciendo las cosas simples. Una noche, por el mismo torneo que antes mencionamos, Boca no podía quebrar el cerco defensivo que le presentaba Argentinos Juniors, ganancioso por 2 a 1. Domínguez apela a Sánchez primero y a Alves después, tratando de encontrar la vía para el triunfo. Y fue justamente el "chueco" el hombre que tenía la llave. Con simpleza se convierte en la cuota de claridad que le estaba faltando a Boca para quebrar la valla de los "Bichos colorados". No se hace presente en la red, pero sí colabora para que sus compañeros lleguen al gol. En el Nacional de ese mismo año se convierte en el goleador del equipo, con algunas presencias, aunque sin tener asegurada una plaza titular.

Todo es marco de promesa que pintamos hacía prever que a corto tiempo se convertiría en dueño de una casaca azul y oro. Pero no fue así. Un poco porque teniendo que cumplir con el servicio militar, no mantiene su mejor condición física, pero también influye la presencia de hombres experimentados, que Lorenzo erige como titulares, forma una dupla de primer nivel en cada puesto. Alves dentro de esa formación juega un tercer papel, el que acepta sin ningún tipo de problemas. En el '77 es el mejor jugador de los equipos de emergencia a que se recurren para completar el programa del Metropolitano, superpuesto por la Copa. Ya no sólo es el hombre que ataca en busca del gol. Lorenzo le impone la responsabilidad de anular al rival, más adelantado del mediocampo.

No tiene puesto hasta 1980 cuando Rattín le da la oportunidad de jugar como titular, pero una lesión en su pie lo aleja del equipo. Cuando retorna al mismo, sin entrar en su mejor condición física, pone su esfuerzo para sacar a flote a un Boca que lucha contra su impotencia.

Este nuevo año lo encuentra entre los hombres que son imprescindibles para un equipo que tiende a convertirse en conjunto espectáculo. Sigue siendo la promesa que hasta ese entonces no se cumplió.


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Desde el 15 de noviembre de 2000