ALFREDO GARASSINO


Alfredo Garassino
Alfredo Garassino

Fue uno de los jugadores más queridos por la Nº 12. Por sus características que lo definían claramente como hombre de bien dentro y fuera de la cancha. Y además porque siempre demostró un inmenso amor hacia los colores azul y oro. Era un boquense de ley, Alfredo Garassino.

Su nombre no conoció otro a su lado que no fuera el de Boca Juniors. Siempre ligado al club que, cuando era un adolescente, lo adoptó para formar parte de sus divisiones inferiores. Y, por supuesto, le guardó un lugar preponderante en su equipo titular a partir de 1917, año en el que jugó su primer partido en primera división.

A "Garassini", así lo llamaban los simpatizantes boquenses, se lo admiró por su capacidad a adaptarse en cualquier puesto del campo. No importaba si era o no el lugar donde se sentía cómodo. Donde Boca precisara de su presencia allí estaba uno de los cuatro grandes Alfredos que tuvo Boca a la hora de las primeras estrellas. fue el eficaz zaguero, plaza que menos ocupó en su trayectoria futbolística. El inteligente half, fogonero inalcanzable. El hábil sagaz entreala que servía juego claro y profundo a los hombres-gol. El certero definidor para aprovechar una situación favorable, o el veloz wing que buscaba los espacios vacíos en su ataque.

En todos los puestos brilló por su regularidad. Pero no siempre las tardes fueron triunfales. Tuvo también de las otras. Donde las cosas no salen como se quisiera. Fue en la vieja Europa. Busso había sufrido una lesión en un hombro durante el viaje. Vaccaro estaba golpeado y no podía actuar. Garassino fue a ocupar esa plaza. Su actuación no estuvo de acuerdo con su capacidad. Boca cayó cuatro a cero ante un marco hostil en todos los aspectos. Volvería a jugar en la gira, pero en los puestos de ataque, conquistando cuatro goles de su sello. Pero tuvo su revancha. Ya en la Argentina, volvió a ocupar el puesto de centro half y lució como siempre. Como lucen los jugadores a los que les gusta jugar fútbol. El buen fútbol.

Quizá la mayor satisfacción que le dio al club de sus amores haya sido en mayo de 1924, por las finales del campeonato de 1923. Garassino formó parte del ataque boquense en el cuarto entrenamiento final ante Huracán. Su presencia no pudo ser más auspiciosa. Primero un violento remate que dejó sin chance al golero Marme. Después un preciso cabezazo ubicado en un rincón, rubricando de esta forma la superioridad boquense. Pero esos goles sirvieron para que Boca Juniors lograra su tercera estrella. Con estos dos goles fue nuevamente campeón. La actuación de Garassino ganó elogios por doquier aquella tarde.

Ya retirado como jugador, continuó ligado a Boca Juniors, primero orientando a los jóvenes que se alistaban en la institución, y luego dirigiendo el primer equipo, donde volcó su vocación y seriedad en los trabajos que emprendía. Así un día se fue dejando tras de sí a un grupo de amigos que no cesaron en lamentar esta pérdida definitiva. Se había ido un amigo del fútbol. Un boquense de ley.


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Desde el 15 de noviembre de 2000