ÁNGEL ROMANO


Angel Romano
Ángel Romano

Llegó a Boca Juniors por 1913 0 1914, al tiempo que el equipo conseguía el ascenso a primera división. Traía, de las tierras uruguayas que lo vieron nacer, fama de buen jugador. Había integrado los combinados orientales que se medían con los similares de otros países sudamericanos. Con su pase a la institución de la ribera, Boca Juniors se convirtió en uno de los precursores de traer buenos jugadores del exterior.

Ángel Romano al llegar a Buenos Aires, quedó algo desalentado porque el nuevo club no estaba en condiciones de solventar su estada en el país. Es entonces cuando se hace cargo del muchacho don Antonio Buticelli, incansable hombre de Boca que llevó al club a una cantidad de jugadores que con el tiempo se convirtieron en cracks del fútbol argentino. Amante del fútbol por excelencia no dudó en eludir  la confianza de su "padrino" para escapar del estudio y ponerse en algún potrero de la zona. Cuando Buticelli lo llevaba al colegio para que el joven finalizara sus estudios, una vez que su "protector" se retiraba a su casa, el muchacho escapaba por los fondos de la escuela. Poco tiempo le duró la treta. Cuando Don Antonio advirtió la maniobra del muchacho, con gran dosis de paciencia , decidió quedarse a esperar en las puertas del colegio hasta tanto finalizara el horario de clases para evitar que el joven se hiciera la "sin cola".

Pero la pasión del "Botija" por la redonda se fue extendiendo a su trayectoria como jugador, a la que agregó una innata calidad. No era un especialista. Era un jugador de toda la cancha. En otras palabras, no era de los jugadores a los que le asignaban una misión dentro del campo del juego y permanecía allí recluido. A Romano le gustaba jugar al fútbol. Lo guiaba el propósito de llevar el balón hasta la meta contraria, o perseguir al adversario para quitarle la pelota y proyectarse en un nuevo ataque.

Y vaya si se dio el gusto en la primera de Boca. Jugó en todos los puestos del campo. Fue un eficaz defensor para cortar las maniobras tejidas por hábiles delanteros, el impecable marcador de veloces punteros que buscaban desbordar para llegar hasta el fondo y enviar el centro siempre peligroso. Fue el incansable batallador en el centro del campo siendo el justo equilibrio entre la defensa y el ataque. O el sagaz y astuto armador de la ofensiva boquense.

Yo donde más se destacó fue en el ataque, donde se caracterizó por su artera definición. Un hombre frío que no perdonaba en el momento  de definir, descolocando a los arqueros por la precisión de su remate. En una ocasión, durante un partido amistoso, el arquero boquense faltó a la cita, y allí fue Ángel Romano para cubrir el puesto vacante. Terminó invicto en su defensa por los colores que quiso con todo fervor.

Fue un ídolo de aquella época por todas sus virtudes que poseía como jugador. Pero además porque mostró valentía para no achicarse en las situaciones extremas, cuando le tocó ocupar un puesto que no le era placentero, demostrando que la calidad es tan o más valiosa que el oficio en un puesto. Eso fue lo que distinguió a Ángel Romano, su calidad de jugador. Un crack en toda la cancha.


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Desde el 15 de noviembre de 2000