CARLOS DAMIÁN RANDAZZO



Carlos Damián Randazzo

Boca no tenía un número 9, un hombre que mostrara olfato para llegar a la red con facilidad que destaca a los goleadores. El último antecedente era Hugo Alberto Curioni y tras él desfilaron una cantidad de hombres que con diversa suerte cumplieron un rol que no exige otra cosa que llegar al gol. Quizá quien mejor lo haya cubierto fue Carlos María García Cambón, quien a pesar de no tener las características que definen a un compañero tuvo en su vocación ofensiva una compañera que se alió para suplir esa carencia. Comienza el Nacional de 1979 y Boca necesita cumplir una actuación más que destacada para borrar la pobre imagen que dejó el campeonato Metropolitano y en la Copa Libertadores de América, trofeo que pierde en su propio estadio. En ese instante surge un joven hecho en las divisiones inferiores que rompe esa monotonía de hombres intrascendentes con la casaca número nueve. Era Carlos Damián Randazzo.

A partir de ese partido contra Rosario Central que lo tuvo como el jugador que definió el encuentro, todas las tapas de las revistas lo tuvieron como protagonista principal y todos fueron en busca del goleador que hacía tanto tiempo Boca no tenía. En ese momento y sorpresivamente dio una respuesta que sorprendió a todos: "No, yo no soy un goleador. Conmigo se confunden. Porque haya hecho varios goles en estas primeras fechas no quiere decir que sea un goleador. Yo en las inferiores jugaba de volante adelantado junto con Husillos y Perotti, pero el que la metía era Husillos y yo era el que armaba el juego. Me gusta el arco y creo que tengo facilidad para llegar a él. Pero no soy goleador".

Quienes lo requerían creyeron que se trataba de una subestimación hacia sí mismo las palabras del delantero, pero con el correr del tiempo se comprobó que era realidad. Pero fue tan espectacular su aparición, que no dejarse seducir por esa seguidilla de goles era impresionante. Fueron seis goles en cinco partidos y a partir de entonces la llama goleadora pareció apagarse.

Pero en ese instante, que los hombres surgidos a la primera división, confirman sus dotes, no perdió calidad. Por el contrario, su panorama en ofensiva comenzó a hacerle ganar la confianza del técnico y la hinchada, que vio en ese jugador al delantero capaz de armar y definir. Pasó por la selección argentina en el preolímpico de Colombia jugado a comienzos de q980. Al año siguiente se va de Boca, el cuadro que lo tuvo como ferviente simpatizante desde chico. Aquí algunas frases que dijo antes y después de su partida.

Haciendo mención al problema que tuvo con Mirtha Legrand (conductora de almuerzos televisivos), Randazzo dijo: "No veo porqué no puedo pedir dinero cuando sé que para ir a ese programa se acostumbra a pagar a los invitados. Además yo no voy por un lucro personal, sino que ese dinero es para los muchachos de La Candela, a los que siempre brindé mi apoyo. Creo que nadie me puede juzgar por algo que considero es una obra de

bien".

"Nunca me apuro frente al arco y trato de no dejarme llevar por los nervios. Trato de mirar al compañero mejor ubicado o espero que el arquero se mueva para entonces sí rematar. También influye la suerte porque por ahí la querés poner en un rincón y te sale a la tribuna".

"Cuando le hice el gol a Fillol, tenía ganas de salir corriendo y abrazarme con mis padres y con todo el mundo. No se si era offside, pero creo que ellos se quedaron enganchados. La verdad fue una gran alegría".

"Mi padre es hincha de River y siempre me decía que me hiciera jugador de ese equipo, pero yo llevo el barrio en la sangre y me puse la azul y oro y creo que llegué a cumplir".

"No se, muchos dicen que los jugadores cambian cuando llegan a primera división, pero creo que no es así. No se tienen que dejar llevar por las cosas que lo rodean y creo que nadie tiene por qué cambiar".

"Me voy de Boca triste porque creo no merecía el trato que me dieron los dirigentes, el que no esperaba. Como profesional estaba dispuesto a ir a cualquier club por el dinero que fuera, pero como me tasaron bajo y el dinero que me ofrecían no era bueno, me quise comprar el pase. Ahí fue donde actuaron mal y reaccioné. Sacando esa circunstancia nunca tuve inconveniente alguno con Boca, y no puedo olvidar a los compañeros que tuve que siempre me brindaron su apoyo, la hinchada, a la que realmente estoy muy agradecido".

Pasaron épocas malas. Pasó Randazzo. La imagen de ese muchacho delgado, de andar desgarbado no se borrará tan pronto. Fue el rayo de luz de un Boca que se sumía en la oscuridad de la caída inevitable. Luego tuvo su paso por River Plate.


Volver a Biografías


 

Volver a la portada

 


Desde el 15 de noviembre de 2000