DOMINGOS DA GUÍA


Muchos decían que era lento, que no tenía velocidad para llegar a ser lo que había sido Ludovico Bidoglio en la zaga auriazul. Eran pocos los que juzgaban que la nombradía que traía desde Uruguay, donde había tenido buenas actuaciones vistiendo la casaca de Nacional de Montevideo la gozaba gracias a la jerarquía de José Nazazzi, otro gran zaguero que Boca intentó traer a principio de 1933 y que, finalmente, no pudo. Y, efectivamente, Domingos Da Guía era lento, no era rápido en sus desplazamientos por el fondo de la cancha, siendo el último escollo para superar antes de llegar a la meta xeneize. Sin embargo, siempre estaba en el lugar donde nacía el peligro para su equipo y desbaratar la intentona que trataban de urdir los ágiles adversarios. Seguro que el quite, elegante y elástico en sus movimientos, de buen manejo del balón, consiguió lo que otros buenos zagueros no lograron. Que el número doce se olvidara de la imagen del gran "Vico".

El equipo de la ribera se destacaba por la seguridad de sus defensas en esos tiempos, siendo casi siempre su valla una de las menos vencidas del torneo. No se puede concebir entonces así porque así que varios jugadores hayan fracasado en la zaga boquense. El peso de Bidoglio hacía que esos hombres que lucían seguros en otros equipos perdieran la eficacia en su juego. Como si un raro fantasma envolviera esa camiseta que había tenido un dueño "eterno". Llegó ese momento tranquilo, de rostro que jamás expresaba otra cosa que no fuera apatía y los desvelos terminarían. El número doce rápidamente lo eligió en nuevo ídolo y fue llamado por los críticos de la época "El Diamante Negro".

En 1936 fue suspendido y debió permanecer muchas jornadas fuera del primer equipo. En su ausencia se notó lo que significaba el gran Domingos. La zaga, por más méritos que tuvieran sus componentes, no era lo mismo sin el moreno. Parecía que una gran brecha se abría por el medio de los zagueros haciendo su ingreso la añoranza de la calidad del "negro". Una tarde de abril de 1937 Boca jugaba contra Talleres de remedios de Escalada, y esa era la oportunidad para recuperar los puntos que se habían perdido en las primeras jornadas. Ignacio Lorenzo, ex jugador de Boca, había igualado sobre la media hora del segundo tiempo y a partir de entonces los auriazules se lanzaron en una pertinaz ofensiva en busca de quebrar el 2 a 2. El bregar de los xeneizes no tuvo éxito, pero sobre el filo de los noventa minutos Domingos realizó una gran maniobraque salvó una segura conquista. Nuevamente Lorenzo, como lo había hecho toda la tarde, encabezó un ataque de los locales, con la ventaja que significaba estar en el equipo de la ribera adelantado en el terreno. Menéndez, compañero de zaga, fue superado pocos metros después de la línea central y quedaban como últimos escollos Yustrich y Domingos Da Guía. Los hermanos Fernández y Unzué acompañaban la llegada del delantero. Cuatro contra uno. El moreno no perdió su posición. Dio pasos hacia atrás esperando el acercamiento del rival. Siguió Lorenzo su marcha y cuando ya enfrentaba Da Guía, tocó hacia el sector izquierdo en busca de Unzué. En ese instante Domingos dio un paso al frente y cortó la trayectoria del balón. Con su elegancia acostumbrada salió jugando con un pase largo hacia Arico Suárez. La pelota no llegó a destino ya que el árbitro terminó el partido cuando estaba en el aire. Ante una circunstancia extrema como  la que relatamos, otro defensor habría salido a romper juego o hubiera quedado fuera de distancia. Domingos se mantuvo alejado de la situación y en el momento oportuno, sólo en ese momento, cortó el circuito que trataron de elaborar los ataques del rival. Por eso llegó hasta donde llegó. A la idolatría. jamás arrojó un golpe dentro del campo de juego. No le hacía falta, tenía calidad. Frenó el afianzamiento en primera división de José Marante, que en sus primeros pasos por el círculo superior era un fogoso zaguero.

Ludovico Bidoglio, que a la llegada de Domingos Da Guía ocupaba el cargo de asesor del primer equipo, decía de él: "Es el mejor zaguero que he visto en mucho tiempo. Tiene todos los atributos que se le puedan pedir a un defensor y con Valussi forman una de las mejores zagas del momento, a pesar que tienen características totalmente opuestas". A fines de 1937 fue transferido a su pedido a una entidad de su país que lo había visto nacer. Con su ida otra vez volvieron los problemas en la última línea. Siguió brillante en las canchas brasileñas y con la camiseta verde amarelha. Siempre quedó en el recuerdo de los simpatizantes boquenses que no olvidaron el brillo de "El Diamante Negro".


Volver a Biografías


 

Volver a la portada

 


Desde el 15 de noviembre de 2000