ELISEO MOURIÑO


Quizá para aquellos que no lo vieron jugar o para quien no está ligado con la intimidad sólo sea Mouriño un jugador  del cual siempre se tienen elogios a mano cuando se trae al presenta su semblanza. Para quienes lo vieron y conocieron sus dotes de jugador es simplemente Eliseo, "El Gallego" para los boquenses que comprendieron que él era el sucesor ideal de ilustres antecesores, y para todos en general un caballero dentro y fuera de la cancha. Ocupó una de las páginas inolvidables de la historia boquense y que todos los xeneizes tienen presentes.

Nació en Mataderos el 3 de junio de 1927. Hizo sus primeras armas futbolísticas en el Super allá en el '37, en un potrero muy cerca de su casa, más precisamente en la avenida Entre Ríos entre Pavón y Constitución. Un día, un vecino, de apellido Ferrari, que fue gerente de Banfield, enfrentó a la cuarta del club albiverde con el Super, equipo que tenía buen renombre entre los cuadros del barrio. No pudo ser mejor la actuación cumplida por Eliseo, siendo factor importantísimo en la victoria que el modesto conjunto logró sobre el representativo sureño por 4 a 2. Allí comenzó a escribirse la historia grande de Mouriño. Inmediatamente terminado el encuentro fue llevado para fichar en Banfield. Desde 1941 hasta 1946 fue escalando las divisiones para ese año llegar tempranamente a primera división. Por entonces Banfield en Primera "B", era puntero y ya se había consagrado campeón. Enfrentó a Argentinos Juniors compartiendo la línea media con Pequeño y Tolosa. Ocupó esa tarde la plaza de half derecho, pero su verdadero puesto era centrojás.

Este es un paso esporádico por la división superior, ya que recién se afirma como titular en el '49 después del encuentro que disputa ante Vélez Sarsfield. Participa del gran equipo que en el '51 estuvo en la discusión por el campeonato, siendo Banfield con su aporte el primer chico que pudo alzarse con el título. A fin de ese año Boca Juniors se interesa por el concurso de ese gran mediocampista que ya todos conocían por "El Gallego". Pero Banfield optó por vender a sus delanteros Abella y Moreno. Siete veces insistió Boca tratando de conseguir el pase antes que la transferencia se concretara. El 23 de diciembre se firmó por novecientos mil pesos y el pase definitivo de Magnelli. Debutó oficialmente en la primera fecha del campeonato de 1953, en Rosario, ante Central. Esa tarde fue la primera vez que estuvieron juntos Lombardo, él y Pescia, conformando una de las líneas centrales más recordadas de todos los tiempos. En la regularidad de ese medio campo tenía que ver la personalidad de Eliseo.

No era de físico exuberante ni de estampa intimidatoria, pero tenía la capacidad para influir en sus compañeros con sus gritos dentro de la cancha, aunque lejos de ella fuera por características callado. Tenía el don de mando. Siempre en el lugar donde el conjunto, lo precisara, estaba gracias a su perfecto sentido de la ubicación. fue el precursor del "cuevero", posición que se hizo común con el correr de los años. Su sagacidad para ver el partido dentro del perímetro de juego, le hizo notar que muchos problemas se solucionaban cuando él bajaba unos metros y se ubicaba como cuña entre sus dos zagueros. Fue figura clave del Boca que en 1954 se alzó con una estrella luego de nueve años sin títulos.

Su forma de ser, con la camiseta azul y oro sobre el pecho, o sin ella, sirvió para que se ganara el respeto de simpatizantes, jugadores rivales y compañeros. sí lo recuerda Antonio Ubaldo Rattín, que fue su obligado reemplazante cuando una hepatitis lo mantuvo alejado del primer equipo por un lapso pronunciado. "Yo salí a la cancha --dice 'El Rata'-- y la tribuna me recibía gritando: ¡Eliseo! ¡Eliseo! Así siempre. Otro que no fuera él se hubiera aprovechado. En cambio, 'El Gallego' me alentaba. Nunca un insulto, nunca una frase fuera de lugar. Siempre la palabra de aliento, el elogio, el consejo. ¡Qué personalidad tenía!"

Eliseo Mouriño deja el fútbol y se forma otro terceto da halves que es recordado en nuestros días: Lombardo, Rattín y Pescia. Vistió la azul y oro hasta 1960. Boca había penetrado en la fiebre que envolvió al fútbol argentino por esos años y se llamó "fútbol espectáculo". Orlando, campeón del mundo en Suecia con el seleccionado brasileño era titular. Al igual que el primero, su último partido fue ante Rosario Central, en la ciudad santafesina, cayendo Boca por 3 a 1. El 1 de enero quedó en libertad de acción. Pretendieron incorporarlo a Platense, Ferro y Racing, pero prefirió marcharse donde su compañero Gustavo Albella hacía varias temporadas que militaba con singular éxito, recomendándolo, en Chile, para su equipo el Green Gross. Aceptó por dos razones: primero, incentivado por la posibilidad de tirar unos añitos más en el fútbol grande y segundo, para presenciar el Mundial '62 a disputarse en el país transcordillerano, hecho que consideraba fundamental para continuar ligado al fútbol como director técnico una vez que dejara la práctica activa. Fugaz fue su paso por las canchas chilenas. Se sintió ambientado rápidamente al nuevo lugar. A poco de su llagada su equipo debía disputar un amistoso contra la selección de Osorno. No era oportuno el debut de "El Gallego" en ese match pero a pedido de los dirigentes y compañeros, accedió a viajar con la delegación. Al día siguiente se embarcó junto a ocho jugadores en un DC-3, 210 de LAN vuelo 621. El avión no llegó a su lugar de arribo. El destino se llevó a un gran jugador, a un gran hombre. El 3 de abril el DC-3 chocó contra el Cerro La Lástimas. Perecieron sus tripulantes y pasajeros. Se había ido Eliseo Mouriño. Un caballero de ley.


Volver a Biografías


 

Volver a la portada

 


Desde el 15 de noviembre de 2000