ERNESTO ENRIQUE MASTRÁNGELO


Ernesto Enrique Mastrangelo
Ernesto Enrique Mastrángelo

Quizás no haya sido el gran goleador, el hombre que rompió redes que franqueaba las defensas rivales con la violencia de sus disparos o la potencia de su velocidad. Fue un oportunista, que con su velocidad usufructuaba cualquier duda del rival, o el pelotazo al vacío colocado por sus compañeros. Sin excentricidades, dignas como para compararlo con otros diabólicos punteros, sin la potencia física de Mario Boyé por ejemplo, hizo de visión para el arco su virtud casi única, pero sobresaliente por sobre cualquier otra carencia técnica. Era una cuota impostergable. Todos sabían que era él, quién definía en el Boca de Lorenzo. Dos hombres se encargaban de su custodia. Pero como el sello distintivo que tienen los grandes goleadores, Enrique Ernesto Mastrángelo aparecía entre las sombras de sus marcadores para definir con un toque preciso ante la presencia del arquero. En un solo instante, todo el celoso sistema de marca que los rivales habían planificado para él quedaba destruido. En forma simple, pero contundente.

Cuando se fue de River Plate, muchos dijeron que ya estaba de vuelta, que a partir de esos momentos podía llegar a tirar uno años en primera división, pero que su labor en el fútbol se recluía en una promesa de esas que se mueren al poco tiempo de nacer. Fracasar en un club grande en el fútbol argentino, equivalía al adiós de las grandes empresas. Sólo Juan Carlos Lorenzo tenía confianza en ese hombre que formaba parte de la lista de hombres prescindibles de todos los equipos. Mastrángelo un año más tarde, luego de convertir 24 goles en Unión de Santa Fe, igualando el récord de Mario Boyé en sus tiempos de apogeo, ingresaba a Boca Juniors de la mano de Lorenzo, como uno de los hombres que tenía que devolver a Boca a las estrellas que desde hacía seis años no lograba. Era la oportunidad de volver a demostrar que tenía condiciones para ganarse un lugar en un equipo grande y por sobre todas las cosas, consagrarse campeón, algo que no había logrado en su carrera hasta ese momento. Comienzo ciertamente desalentador fue el que lo acompañó en sus primeras actuaciones en Boca Juniors. Peleado con el gol, pareció no encontrar su mejor forma, situación que se agravó con una lesión que lo postergó del primer equipo durante varios partidos. Finaliza la rueda clasificatoria del Metropolitano de 1976, la imagen que dejó el puntero no era la que mejor se esperaba y la impaciencia comenzaba a ganar el rincón del aprecio de la hinchada. Pero a partir de la ronda final, el oportunismo lo convirtió en una pieza indiscutible del conjunto, instrumento imprescindible para un equipo que adolecía de problemas para llegar a la conquista. El Nacional del mismo año ya definitivamente se convirtió en carta

de triunfo. Quizás la llegada de Mario Zanabria haya influido en esa superación definitiva. El zurdo volante, con su panorama y precisión en la pegada, explotó la velocidad del puntero para llegar al gol. Todos los rivales sabían que el pelotazo cruzado de Zanabria partiría buscando el pique de Mastrángelo. Simple fórmula que se reiteraba invariablemente, hasta el límite de la ingenuidad. Pero practicidad y docilidad de los protagonistas de la maniobra, hacían que fuera poco menos que incontrolable.

Mastrángelo logró goles, goles de diversas características y calidad. Una tarde de 1978, en cancha de Racing por el Metropolitano, se convirtió en carta de triunfo, como en otros tantos partidos. Sus piques fueron incontrolables para la defensa racinguista que corría desesperada en busca de trabar la llegada de ese jugador. En el segundo tiempo apenas iniciado metió un pique a fondo superando a todos los defensores. La pelota parece que se pierde por la línea de fondo, pero Mastrángelo llega. Cejas, el arquero de Racing, hace la justa y se para sobre el primer palo. Pero su correcta posición es inútil. Cayéndose el goleador le pega al balón en forma extraña, haciendo que la pelota dibuje una rara parábola y penetre en el arco por el otro palo, ante la sorpresa de todo un estadio. Tan imprevisto como fue el gol, fue la aclaración del delantero en el vestuario: "No se con que le pegué. Con el tobillo. Fue lindo gol ¿no?". Otra tarde de 1979, Rocha ejecutó un tiro libre desde el sector derecho. Todos los defensores de Atlanta fueron a custodiar la llegada de Capurro, el cabeceador. Mastrángelo saltó y cabeceó. El envío fue defectuoso, pero superó el esfuerzo de Reggi. "¿Y qué quieren que haga?. La pelota me vino encima, cerré los ojos, me pegó en la cabeza y se metió. Yo no se cabecear".

Por supuesto que quizá no tuviera los atributos necesarios para  el toque sutil, la estatura y la mecánica del cabeceador, pero tenía el olfato para estar ahí, frente a la situación propicia para convertir. Boca derrotó a Ferro Carril Oeste por 4 a 0 en la Bombonera. Los últimos goles fueron de su autoría. Los dos mostraron parte de la eficiencia de "Ever", nombre que le adjudicaron sus padres al no poder inscribirlo por ser un nombre extranjero. El primero encontró a Ferro adelantado en el campo. Sotelo dudó en entregar a un compañero. Esa vacilación le costó caro. Atorado por Mastrángelo, éste le quitó el balón y se lanzó a toda marcha hacia el arco del "Verde". No hubo intento legal o no de los defensores de Ferro Carril Oeste que pudiera detener su marcha. Eludió a todos, incluyendo a Sánchez, el arquero, para definir con un toque de clase sobre el primer palo. El segundo tanto fue un pique de Salguero sobre el sector izquierdo, mandó centro rasante hacia el otro costado donde el "Ever" remató como venía hacia el arco. El violento disparo hizo una comba y terminó en el fondo de la red. Golazo.

Emparentado hasta el hartazgo con el gol, fue arma implacable del Boca campeón de campeones en lides internacionales. Aquel importante triunfo que Boca consiguió en Montevideo ante Peñarol, por la Copa Libertadores. Pelotazo de Zanabria y pique de Mastrángelo que esa noche fue un solitario delantero en busca de la aventura del gol. Pique del puntero, incontrolable para Olivera que lo quiere contener con sus manos. Sale Fossatti, pero todo intento es inútil. El disparo del "Ever" termina en la red.

El toque imprevisto, sorpresivo ante la salida de Fillol, sirve para darle el golpe de gracia a un River, que ya veía esfumarse su chance de eliminar a Boca de la Copa Libertadores. "Estaba mal perfilado, tenía que pegarle de zurda. No se como hizo. Le dio de derecha". Después del toque sutil con pierna izquierda que dibuja una hermosa curva sobre la cabeza de Zape, arquero del Deportivo Cali, en la final de la Copa Libertadores de 1978, dice otro título de impensado valor. Los críticos alemanes lo calificaron como el gran delantero cuando aquella epopeya ante el Borussia, por la Copa Intercontinental. La maniobra fue de Felman, llegada sobre el sector izquierdo y centro atrás. Llega Mastrángelo. Todos esperaban el remate de primera. Pero no, el "Ever", para la pelota, engancha para desacomodar a un defensor y definir con comodidad ante un arquero que quiere achicarle al ángulo de disparo. "La frialdad que tuvo para definir este hombre es de un jugador de gran clase".

Tan oportuno como fue para llegar a la conquista, es fuera de la cancha con su humor que lo caracteriza como un tipo de fácil adaptabilidad la convivencia del grupo. Sencillo, humilde, no se deja sobornar por las luces del éxito en los momentos en que todos lo quieren para saber de su palabra. "Que los otros hagan su jueguito. Yo de esa no se nada. A la hora de meterla, ahí estoy yo. Es fácil, muy fácil". Esa facilidad se convirtió en el alma de un equipo que no tenía potencia ofensiva. La carta de triunfo en uno de los ciclos más brillante de la historia xeneize. La lesión en su rodilla lo alejó del primer equipo. Esperó el momento de su recuperación. El equipo siente la falta de ese pequeño hombre en la punta derecha. Todos esperaban a comienzos de 1981 la vuelta de Mastrángelo. Esperaban el pique que supera el cruce de los defensores, el toque que anula a los arqueros y la corrida final con los abrazos.


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Desde el 15 de noviembre de 2000