ERNESTO GRILLO



Ernesto Grillo

Viene de una época especial del fútbol criollo. ¿Mejor que la actual? Acaso. De todas maneras, distinta. Integrante de aquella delantera roja que quiso reeditar, un cuarto de siglo después, la fisonomía de otra, también colorada, que alistó a hombres de la Italia de Canavery, Lalín, Rabashino, Seoane y Orsi.

En ese quinteto, Grillo era la individualidad predominante. El podía evadirse de los planes de conjunto para hacer por sí solo cosas que a otros estarían vedadas. Una vez hizo algo que quedó como página de historia. Un poco a la manera de Lavalle en Moquera, que, al decir de Yamandú Rodríguez, sacó el sable por la espalda de quinientos enemigos. Grillo sacó un gol perforando el cuerpo de once ingleses.

Alguien nos dijo alguna vez que aquella hazaña cumplida contra los rubios representantes del imperialismo isleño, le había dejado un trauma. Que cada vez que entra en posesión de la pelota se le aparece la visión de aquel gol como un espejismo que lo impulsa a correr hacia él como lo haría un sediento en el Sahara.

Si el fútbol fuera un deporte individual como la esgrima, Grillo no afrontaría ningún problema ni se hubiera hecho acreedor a tanta crítica amarga o irónica. Pero él siente el fútbol así y sería ridículo tratar de modificar su temperamento a esta altura del debate, es decir, cuando su trayectoria ya está en el cenit. Sería, sin embargo el caso de preguntarse: ¿Son muchos los que teniendo más noción  que el de que el fútbol es un juego de conjunto, han llegado a su altura?. La respuesta es obvia. Hombres de jerarquía internacional de grillo han sido muy pocos en las épocas en que les ha correspondido actuar.

En nuestras escuadras, desde que vino de Italia, ha sido un valor difícilmente sustituíble. No queremos entrar en consideraciones sobre su figura hubiera crecido de ser otro su concepto del fútbol, pero insinuamos nuestra duda sobre ello. Nadie puede llegar muy lejos en la vida si se ve obligado a limpiar sus imperativos temperamentales. Pudo ser otro, claro, pero para eso necesitaba haber nacido ese otro, pero siendo como es, que tratara voluntariamente de transformarse podría ser considerado como un intento doloso de mistificación de a propia personalidad.

A Ernesto Grillo hay que aceptarlo así o rechazarlo de plano. Pero con absoluta seguridad, son muchos más los que sostienen que es un crack excepcional que los que se atreverían a afirmar lo contrario. Porque repetimos  que como Grillo ha habido muy pocos. Nosotros, los hinchas boquenses, lo sabemos y no podemos equivocarnos en la apreciación de sus merecimientos.

Fuente: Así es Boca (1962)


Volver a Biografías


 

Volver a la portada

 


Desde el 15 de noviembre de 2000