ERNESTO LAZZATTI


Ernesto Lazzatti
Ernesto Lazzatti

Fines de 1933. Los dirigentes boquenses están abocados a la búsqueda de un centrohalf que llene el puesto que desde la partida de Fleitas Solich no fue cubierto a su satisfacción. Su mirada se centra en los hombres más nombrados del fútbol porteño. En una de las tantas reuniones que se realizaban a diario para encontrarle la solución a la cuestión y decidir cuáles serían los pasos a seguir respecto a una transferencia, llegó al escritorio de los directivos una carta de un representante que tenía el club Bahía Blanca; otro de los tantos que tenía desperdigado por el interior del país en busca de nuevos cracks. La cita recomendaba a un joven de 17 años, que según el remitente que no era otro que su tío, había tenido excelente desempeño en Puerto Comercial de aquella ciudad. Los integrantes de la comisión de fútbol se miraron extrañados y con cierto aire de desconfianza. ¿Qué seguridad tenían que el muchacho sería tan bueno como decía la carta?. Al fin de cuentas con probar no se perdería nada. Así es que se envió un pasaje para que Ernesto Lazzatti viniera a probarse a Boca.

La llegada se produjo la tarde del 17 de diciembre de 1933. El directivo encomendado por el club se hizo presente en la estación Constitución y esperó vanamente hasta que los últimos pasajeros salieran del andén. Cuando ya casi nadie quedaba, vio apoyado en una columna a un muchacho delgado, de físico esmirriado y apariencia de poca edad. Se acercó y le preguntó: "¿Tú eres Lazzatti?" "Sí señor..." "Quieres jugar en Boca?" "A eso he venido señor..." "¿Cuántos años tienes?" "Diecisiete años" "¿Diecisiete años?" "Sí, señor, diecisiete. ¿Por qué?, pensaba acaso que tenía más". "No, te daba catorce años... Vamos".

Así comenzó a escribirse la historia de uno de los mejores centrohalf que recuerde el fútbol argentino. Le toman la prueba en uno de los tantos partidos que pactaban a comienzos del año para examinar nuevos valores. Cumplió y quedó contratado para jugar en reserva.

Nacido en Ingeniero White el 25 de septiembre de 1915, en sus primeros pasos por el fútbol era entreala, que tenía gran panorama para ser atacante. Santos Ursino, que era centro medio, capitán y caudillo de puerto Comercial, además de consejero de esa joven promesa, le dijo estas palabras que le fueron útiles para toda su carrera: "No uses boina, lleva el pelo corto y juega de centrojás que es tu verdadero puesto". Los consejos fueron asimilados por Lazzatti, quién obedeció las palabras del compañero. Se instala en Temperley y luego de dos presentaciones en el equipo de reserva llega el día tan ansiado, el debut en primera con la azul y oro. Fue el 8 de abril de 1934, por la tercera fecha del campeonato, ante Chacarita Juniors, alistándose el conjunto de esta forma: Pardiez,; Echeverry y Marante; Martínez, Lazzatti y Arico Suárez; Sánchez, Varallo, Benítez Cáceres, Cherro y Cusatti. Gana por 3 a 2 el equipo xeneize y ese muchacho responde con creces a la confianza de "Mariulo" Fortunato. A pesar de sus buenos rendimientos , los nervios le jugaban una mala pasada antes del partido. "Los sábados solían ser días malos para mí. Pero una vez que estaba en la cancha, jugaba sereno. Después cambié. Pero cuando recién llegué de Bahía Blanca, además del fútbol, me preocupaba la situación de la familia. Por entonces encontré amigos como Mario Fortunato y Roberto Cherro y ellos dos en la cancha y otros fuera del fútbol me ayudaron mucho". Desde su primera presencia fue figura y la hinchada lo llamó "El Pibe de Oro".

Para refrescar con un mayor panorama lo que fue como jugador, vale recordar las palabras de otros jugadores. Claudio Vacca, compañero suyo, decía: "Tengo un extraordinario recuerdo de él. Sabía llevar de la mano a todo el equipo por sus cualidades futbolísticas y morales. Dominaba el medio campo, siempre con la cabeza levantada. Perfecto en el pase corto y largo, era bárbaro como cabeceador. Está bien que lo respaldaba "Perico" Marante atrás, pero él era el gran conductor del equipo". Rinaldo Martino, que fue entreala de San Lorenzo de Almagro, decía de él: "Fue uno de los grandes centromedios que hubo en el fútbol argentino. muy limpio para jugar, con gran inteligencia, calidad y colocación. Un hombre no muy hábil con la pelota en los pies, pero que sabía distribuirla bien, hacerla rendir al máximo y jugarla en el momento oportuno. No discutía, no jugaba fuerte pero sabía organizar a su equipo y era, además, una excelente persona por lo que yo lo traté y me contaron mis compañeros".

Integró varias líneas de half que están entre los mejores de todos los tiempos, como lo que compartió con Vernieres y Suárez, y ya en su madurez con el rosarino Sosa y Pescia, siendo ésta una de las mejores que tuvo boca Juniors en todo su historial. Su final con la casaca es apresurado por una lesión que sufre en la rodilla derecha. Es la segunda rueda de 1947 en el estadio Monumental, cuando brinda su aporte póstumo ante River Plate. Pierde Boca por 2 a 1 y presenta esta formación: Diano; Marante y De Zorzi; Bendazzi, Lazzatti y Pescia; Boyé, Corcuera, Geronis, Ricagni y Pin. A los 32 años de edad Boca le concede el pase libre, que pudo haber dado a cualquier otra institución, pero no lo hizo. "Me gustaría hacer un poco de turismo un par de años. Sólo jugaría en el extranjero porque jamás me enfrentaría a Boca Juniors". Su amigo, Severino Varela, le habla para pasar a Danubio de Montevideo, donde cumple 427 partidos oficiales en primera división en su trayectoria. Cuando regresó se hizo cargo de la dirección técnica del primer equipo xeneize, llevándolo hasta el segundo puesto luego de la mala campaña realizada en la temporada anterior. Se va cuando un dirigente le cambia un jugador de la formación que había dado.

Regresó en 1954, donde bajo su tutela, con la denominación de administrador de fútbol, consiguió otra estrella, esta vez fuera del campo de juego. Nunca más volvió a dirigir, aunque después incursionó en el periodismo y demuestra su profundidad analítica en el tema futbolístico. Ya nunca más se relacionó con el fútbol  y se dedicó al cuidado de su agencia de coches en Temperley, donde se afincó cuando trajo de Bahía Blanca una carta y una esperanza. Los amantes del fútbol recuerdan con calidez a ese hombre que no tuvo una mancha en su carrera deportiva, un caballero en el fútbol y en la vida.


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