FRANCISCO VARALLO


Francisco "Pancho" Varallo
Francisco Varallo jugó desde 1931 hasta 1939 y convirtió 180 (no 181 como lo dan casi todos los medios) goles en 210 partidos. Su transferencia a Boca Juniors fue uno de los motivos que posibilitaron la instauración del profesionalismo. Ese año, el club le pagó $10.000 de prima, con un sueldo de $800 por mes. Fue campeón con Boca Juniors en 1931, 1934, y 1935. En 1934 fue el goleador del certamen con 34 goles en 34 fechas. En 1939 debió abandonar el fútbol, debido a una lesión en los meniscos. Como director técnico dirigió a Gimnasia desde 1957 hasta 1959. Luego de su etapa de futbolista, ocupó distintos y variados empleos. Desempeñó tareas en el Ministerio de Trabajo, fue profesor de educación física, vendedor de licores y propietario de una empresa de transporte escolar.
En honor a su exitosa carrera, fue declarado personalidad ilustre de la Provincia de Buenos Aires. Lo distinguieron en su La Plata natal, junto a un ídolo riverplatense, Adolfo Pedernera. También los organizadores del mundial U.S.A. '94, le rindieron homenaje por su participación en la final del mundial del '30, jugada en Uruguay entre el Seleccionado de ese país y Argentina.

Fue el gol personificado en un jugador de fútbol. Fue el "cañonero" de un equipo que siempre tenía pretensiones de campeón. Era "romperredes" por naturaleza. No era sutil, ni técnico en el manejo de la pelota. Pero certero y espectacular cuando la situación le era favorable dentro del área. O fuera de él, desde donde despedía violentos remates temidos por los goleros. Cuando tomaba el balón inmediatamente partía el grito desde  el fondo de la cancha. "No lo dejen patear...". No sólo era un alerta, era un anuncio de lo que vendría. El balazo imparable, bien colocado. De buena estampa, tenía un físico privilegiado para un delantero. Para la historia del fútbol argentino fue "El perforador de la Boca". Para la "12" fue "Cañoncito", en una época donde sobraban los goleadores. Era Francisco Varallo.

Se había iniciado en Gimnasia y Esgrima La Plata, donde debutó a los 18 años en primera división. Con rapidez se convirtió en goleador del cuadro platense. Su fama fue aumentando. En 1929 fue carta de triunfo para los auriazules que ese fin de año se coronaron campeones, venciendo a Boca Juniors en la final. El fue el autor del gol que dio el título a Gimnasia y Esgrima La Plata. En una de las primeras adquisiciones que se realizaron a poco de implantado el profesionalismo se incorporó al club de la rivera. Sin embargo, de entrada no pudo conseguir el primer gol. En la primera fecha ante Chacarita Juniors, el partido terminó 0 a 0. En la segunda fecha Boca se presentó en La Plata para enfrentar a su ex club. Esa tarde estuvo ausente y el cordobés Vargas fue el goleador auriazul. Recién en la cuarta fecha pudo convertir un gol. "Pero fue fulero", decía "Panchito", ya que no tuvo más que empujar la pelota al fondo de la red. Los hinchas "triperos" decían en un estribillo: "Saludos a Varallo, ahora tenemos otro mejor y se llama Palomino". Tantas eran sus ansias para hacer un gol que cada vez que Cherro le pasaba el balón le gritaba: "¡Tirá!". No había caso, la pelota se iba fuera del marco. El goleador tenía la pólvora mojada.

Pero la fecha siguiente se dio el primer gusto de llegar hasta el fondo de la red a su manera. El rival era Independiente y cuando faltaban sesenta segundos para el final, sacó un derechazo que estremeció las mallas y se hizo alarido en la voz de su hinchada. Con ese gol Boca vencía 3 a 2 en un encuentro lleno de emociones. Esa escena se repetía 181 veces, que lo erigen en el máximo goleador azul y oro en toda la historia de la era profesional. Era un especialista en la ejecución de tiros penal. En toda su trayectoria en los xeneizes ejecutó 22 de los cuales convirtió 18, 1 desviado y 3 le atajaron.

Cuando llegó a la ribera jugaba de wing o insider indistintamente. En 1933 Mario Fortunato decidió incluirlo definitivamente en el centro del ataque completando un terceto de oro junto a sus laderos, Benítez Cáceres y Cherro. Donde mejor se sentía era frente al arco no necesitando demorar la partida de su remate. . "Mariulo" lo definía como un centrodelantero para jugar adelantado como realizador. Por su pique, su ímpetu arrollador y su shot, se convirtió en goleador. De allí el acierto del entrenador a colocarlo en el centro del ataque. Por sus características algunos cronistas decían que agachaba la cabeza y era una tromba que difícilmente podrían contener los zagueros. Corajudo al máximo, no se achicaba cuando los recios defensores se exigían en sus golpes arteros. El también daba.

Nació en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, Argentina, el 5 de febrero de 1910, fue según las mentas el mejor exponente futbolístico del barrio, Villa Hornos. Allí jugaba en un pequeño club que se llamaba "12 de octubre". Su linaje familiar era rico en jugadores. Su padre, sus tíos, todos fueron defensores de la camiseta del pequeño club del barrio. El, como no podía ser de otra manera, fue también jugador. Pero llegó más lejos. Fue crack. Cuando era joven tenía que soportar las chanzas de sus compañeros por su ingenuidad. Había tomado como hábito una "patraña" que no tenía resultados ante sus experimentados compañeros. Cuando terminada un partido estaba seguro que no podría participar del próximo encuentro.

Ingresaba a la casilla con la cabeza gacha, caminando despacio, con aire "pesadón". Se comenzaba a cambiar y su gesto era de pesadumbre. Invariablemente se le acercaban Fortunato y Cherro y le preguntaban que le pasaba. "El domingo no juego". Y sus compañeros insistían y después lo convencían que no tenía nada. Cierta vez, repitiendo su actuación, ingresó a los vestuarios y a toda voz exclamaba quejosamente: "Los meniscos... los meniscos... tienen que ser los meniscos". Advertidos de la treta, Fortunato se le arrimó y le preguntó: "¿Qué rodilla te duele?". Aumentando el gesto de dolor: "La izquierda..." "Pero si los meniscos están en la derecha..." Entonces brotaba una sonrisa de sus labios y contestaba: "¿Cierto, che?", "¡Que fenómeno!". El dolor había desaparecido pero volvería otro que tendría igual fin. Otra anécdota sobre "Cañoncito" sucedió cuando compró un terreno en las cercanías de La Plata y dos amigos le preguntaron por las medidas del predio. Gesticulando explicó cuánto medía de frente y de fondo. "¿Y para arriba...? preguntaron con sobriedad. "La escritura no dice..." respondió pisando el límite del absurdo. "Tenés que hacerla corregir...  --continuaron sus amigos--. Que pongan la altura...". "¿Cierto che...?", " ¡Qué fenómeno!".

El 2 de diciembre,
Varallo vistió por última vez la camiseta azul y oro.

Fue en un partido nocturno ante Ferro Carril Oeste
en cancha de Chacarita Juniors.

Los jugadores "verdolagas" protestaron vehementemente un
presunto fould de
Víctor Valussi dentro del área, lo que motivó la
suspensión del match. este accidentado encuentro fue el final de la
carrera para el "Cañoncito". Era para entonces un veterano de
29 años nada más. Su presencia en la cancha pesó al recuerdo
admirado por los simpatizantes boquenses y respetado por los
contrarios.

Siempre perdurarán esos espectaculares goles que lo
llevaron a la idolatría. Falleció el 30 de agosto de 2010

Francisco "Pancho" Varallo

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Desde el 15 de noviembre de 2000