GERARDO MOREYRAS


Gerardo Moreyras
Gerardo "Puchito" Moreyras

La historia de Boca Juniors, como vemos, es fértil a la cosecha de recuerdos de grandes jugadores, desde sus mismos inseguros comienzos. Muchos de ellos, en aquellos tiempos, tuvieron el honor de llegar a lucir la casaca nacional, que en igual mérito significaba estar en la apreciación general bajo el título de crack. En aquel tiempo sobraban los grandes jugadores para ocupar las plazas en el combinado nacional.

Cuando uno de estos hombres que recordamos en este rincón escribieron gran parte de la historia del gran campeón. Gerardo Moreyras, apodado por los adictos boquenses "Puchito" por su apariencia física de baja estatura y cuerpo delgado, fue uno de los que escribió las páginas más importantes. "Yo jugaba al fútbol porque me gustaba", solía comentar cuando ya retirado se presentaba la oportunidad de charlar de fútbol entre sus amigos. También agregaba que su alma le pertenecía a Boca Juniors, el club de sus amores. Y a no dudarlo, dejaba el alma en cada partido. "Yo no sabía de escuelas y la misión que me encomendaron era un imperativo para mí".

Incansable, de quite seguro y de efectiva entrega a sus compañeros, se lo podía ubicar luchando con todas sus fuerzas por la posesión del balón, en las cercanías  de su área o avanzando elegantemente hacia el arco rival , no quedando jamás fuera de acción. Pocos entendían cómo lograba no quedar pagando en ninguna ocasión. Su ubicuidad dentro del rectángulo le permitía estar siempre en el lugar donde su conjunto lo precisaba. Su gran tarea sirvió para pasar a una institución dentro de otra, correspondiéndole en varias temporadas lucir el brazalete de capitán del equipo, en premio a su gran tarea.

Se inició como jugador en Argentino de Banfield, para luego cumplir su gran anhelo , jugar en Boca Juniors. La carrera se prolongó entre la última etapa amateur y en los comienzos del fútbol profesional. Jamás cambió. Su amable y campechana

personalidad le sirvió para rodearse de una gran cantidad de amigos. Tuvo la veneración y el respeto de muchos jugadores de su época, signo indiscutible de su notable actuación en campos argentinos, fuera defendiendo el azul y oro o el celeste y blanco de la selección argentina.


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Desde el 15 de noviembre de 2000