HUGO OSMAR PEROTTI



Hugo Osmar Perotti

"Buena pinta la del chico Perotti". Así rezaba el comienzo de una crítica del encuentro que Boca jugó con Colón en cancha de San Lorenzo de Almagro, donde Perotti jugó su primer partido completo en primera división, siendo una de las figuras de aquel equipo que jugaba las últimas cartas tratando de mantener posibilidades en el Metropolitano de 1977, justo después de coronarse campeón de la Copa Libertadores de América. En poco tiempo más, Hugo Osmar Perotti confirmaría todo lo que prometió en ese encuentro y se convirtió en los mejores punteros del medio.

Hábil, veloz y decidido, no tardó en adueñarse del puesto que Luis Darío Felman dejaba vacío con su partida hacia España, para jugar en el Valencia junto a Mario Alberto Kempes. En un primer momento Lorenzo decía de él: "Es un chico con mucho futuro, pero todavía le falta mucho". Tan capaz como era para desbordar por la punta, era irascible cuando las cosas no le salían bien y se dejaba arrastrar por su temperamento. Eso le costó varias expulsiones y la fama de camorrero. Comenzó a escalar posiciones en la nombradía general y se ganó el afecto de "la doce". Su casi desconocido apellido se codeó con los famosos de otras grandes figuras, que se aprestaban para jugar la Copa Libertadores de América en 1978, el que sería su primer gran año en primera división. "Para mi fue como un sueño, porque durante el '77 seguí los partidos desde la tribuna y grité como loco. Ahora iba a estar en la cancha, jugando para Boca".

Titular en el equipo que peleaba en los primeros puestos del Metropolitano, se convirtió en pieza vital para el ataque boquense que confiaba en la habilidad de Perotti como acompañante de Mastrángelo en el ataque.

"El primer partido fue ante River en La Bombonera, y no anduve bien. Lorenzo me sacó en el primer tiempo y después del partido me sentí muy mal porque este partido significaba mucho para mí. Era mi gran oportunidad y no la tenía que desaprovechar. Pero no anduve. La revancha la tuve en cancha de ellos. Ganamos dos a cero y esa noche creo que jugué el mejor partido de mi vida. Me salían todas y nos clasificamos para las finales, con el Cali". Esa noche Boca volvía a postergar las ansias de River por coronarse campeón de América. En la punta izquierda estuvo una  de sus cartas de triunfo. Todo su repertorio estuvo presente aquella noche en el Monumental. Gambeta, fuerza, velocidad, se combinaron para que Saporiti, su marcador, debiera recurrir vez tras vez al golpe para detener la marcha del ataque boquense. Al fin, el defensor se ganó la roja, y Perotti continuó siendo una tromba incontrolable.

La final de la Copa Libertadores le guardaba uno de sus sueños más preciados. Ser campeón con la casaca que ansió desde niño. Fue una de las figuras que se consagraron aquella noche inolvidable en La Bombonera. Nuevamente su habilidad fue la carta de triunfo. "Fue algo increíble, no se si lo voy a volver a sentir. La jugada de siempre la hicimos en las prácticas. Suñé se la daba a Pernía en forma corta y mandaba  el centro al primer palo. Mastrángelo y yo íbamos a buscar la pelota. Le pegué con todo y seguí corriendo como loco. El corazón parecía que se me escapaba y si no me frena el alambrado, terminaba en la mitad de la tribuna. Fue inolvidable. Nunca me voy a olvidar". Autor del primer gol, fue incontrolable para los defensores caleños, que hicieron del golpe la única fórmula para detenerlo. Así y todo la fuerza del puntero hizo que superara las infracciones. Sobre el final del partido coronó su actuación con otro tanto de impecable factura. Caicedo quiere salir jugando, Perotti lo atora y le quita el balón, dos pasos y el toque colocado que penetra lejos del alcance del arquero que no sabe qué hacer para evitar la caída de su valla, jugándose hacia el otro sector por donde ingresó el balón. La gran figura de la noche.

"Lo que son las cosas, ¿no?. El año anterior miré la final de la Copa por televisión, y después de festejar me fui a comer unas pizzas con mis amigos. Ahora estaba dando la vuelta olímpica con los ídolos que yo tenía. Una cosa de locos".

En la época mala siguió siendo una de las figuras del equipo. Llamado para integrar la selección nacional durante la gira por Europa en el '79, debuta ante Irlanda, pero su rendimiento está lejos de ser lo que él puede dar. No lo vuelven a llamar para el combinado y continúa jugando en el mismo nivel en Boca. En el '80 le da a Boca quizá el triunfo más importante que haya conseguido durante ese año. Un preciso zurdazo le da a su equipo sobre el final del partido una victoria ante River Plate por la mínima diferencia. un triunfo inolvidable. En el '81 es una de las cartas con la que Boca Juniors obtiene otra estrella. uno de los laderos de Maradona. Perotti estuvo en el club desde 1977 hasta 1984. Jugó 141 partidos y conquistó 26 goles. Tras un fugaz paso por Gimnasia y Esgrima La Plata, jugó en Nacional de Medellín (Colombia), y luego retornó a Boca Juniors, pero una lesión en su rodilla derecha lo obligó a retirarse prematuramente de la actividad, con solo 26 años de edad. Una verdadera pena!!


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Desde el 15 de noviembre de 2000