JOSÉ MARÍA SILVERO



José María Silvero

UN CORRENTINO QUEBRACHO PURO

Es correntino, de un pago del Taragüí, que está marginando la selva. Si se le exprimiera, seguramente destilaría tanino, porque es quebracho puro. Cuando llegó a La Plata, el Estudiantes que le tocó integrar ya no era aquel de "Don Padilla" Sozaya, del "Conejo" Scopelli, de Nolo Ferreira y del "Indio" Guayta. Era, en cambio, un equipo sumamente permeable.

Flojito como yerba de segunda cebadura, casi siempre mirando a los demás competidores del campeonato desde ese abismo donde flota el trágico fantasma del descenso. Y Silvero, que es duro por constitución, se hizo más duro por necesidad.

Para contener a un malón no se pueden andar eligiendo los recursos. Y él era estudiantil, confiada en su suprema custodia, era así siempre tierra arrasada por embates golpeadores. Por eso, la aptitud para la lucha sin cuartel se hizo una segunda naturaleza.

Cuando vino a Boca, lo hizo de manera que merece nuestro agradecimiento. Ya estaba, prácticamente, con un pie en River. Por lo menos, el acuerdo de club a club, entre la gente de La Plata y la de Núñez, ya se había formalizado.

Néstor Rossi había insistido para que se lo contratara.

El director técnico riverplatense tenía de él un concepto que podría sintetizarse en esta frase: "Un hombre duro, que sabe jugar al fútbol". Pero Silvero se negó a ir a River. Su ambición era vestir la azul y oro. Finalmente, lo consiguió. Y en Boca comenzó a operarse la metamorfosis, que pudo parecer extraña para quienes no sabían que antes de que la necesidad (que tiene cara de hereje) lo obligara a jugar de cejas entrecerradas y labios agrietados, había sido cultor de un fútbol mucho menos áspero.

En Boca trató de reencauzarse, y realmente lo consiguió. De alguna manera, su transformación que se ha ido operando en forma paulatina y que aún no ha llegado al final, nos recuerda a la de otro hombre del mismo puesto que tuvimos en nuestras filas: Marante. No hay remotamente la intención de establece un parangón Simplemente, queremos recordar el hecho innegable de que Perico, luego de haber confiado durante mucho tiempo sólo en su dureza física, llegó a la conclusión, posiblemente sorprendido, de que el fútbol resultaba más fácil abriendo los ojos, y que para jugarlo bien era contraproducente transitar la cancha con tanta fuerza como para que no volviera a crecer el pasto allí donde pisara.

Silvero se ha esforzado por llegar a la misma comprensión. lo ha ayudado, naturalmente, el estar en un equipo habitualmente triunfador, en el que no hay necesidad de salir a matar o morir, pero, de cualquier manera,  la evolución de Silvero se ha constituido en una nota por demás interesante. Es uno de los hombres cuya incorporación al equipo ha ofrecido los resultados más satisfactorios y ha sido una de las piezas importantes en el mecanismo defensivo.

Fuente: Así es Boca 1962

Falleció el 3 de agosto de 2010. José María Silvero, ex defensor de Boca y Estudiantes de La Plata, y reconocido director técnico, falleció a los 78 años por una afección pulmonar.

Nacido en Corrientes el 21 de setiembre de 1931, fue jugador de Estudiantes entre 1952 y 1961, período durante el cual vistió esa camiseta en 198 oportunidades.

El mayor reconocimiento como jugador lo alcanzó en Boca, club al que llegó en 1962 y en el que integró el plantel campeón durante esa temporada. Luego Silvero repitió los títulos como jugador de Boca en 1964 y 1965.

Como técnico se inició en 1970 reemplazando a Alfredo Di Stéfano y tomó el equipo de Boca que fue campeón en el Nacional de ese año. También dirigió en Estudiantes (LP), Rosario Central, Lanús y Atlanta, entre otros. En el extranjero lo hizo en Emelec (Ecuador) y Unión Española (Chile).

Silvero fue el coordinador principal de la escuela de entrenadores “Osvaldo Zubeldía”, en La Plata. Y se desempeñaba como presidente de la Mutual de ex futbolistas de Boca.


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