JUAN CARLOS COLMAN


Juan Carlos Colman
Juan Carlos Colman

Finaliza el año 1949 y una de las páginas más negras de la historia de Boca Juniors ha quedado marcada a fuego en las entrañas de los colores azul y oro. Era una mancha que había que borrar para demostrar que se trataba de un resbalón, no de una caída. Todo el prestigio acumulado por los xeneizes desde sus comienzos, se veía humillado por esa situación inusual para el conjunto de la ribera de gambetear el descenso en la última fecha del campeonato. Había que hurgar en lo más profundo del plantel para encontrarle solución a ese pronunciado declive que lo llevó a codearse con la última posición. Era imperiosa una renovación que le diera al primer equipo nuevos bríos y a su impulso, retornara a los sitiales de privilegio.

Se marchan algunas figuras que no estuvieron a la altura que podrían alcanzar en Boca Juniors. Ingresan Moreno, Cesáreo, un delantero que por entonces era gran promesa y quedó en eso y Juan Carlos Colman, un defensor que había cumplido muy buenos desempeños en Newell's Old Boys de Rosario, llegando a destacarse a niveles importantes. La transferencia se realiza y llega uno de los hombres llamados a reemplazar a las figuras que desde hacía varios años se mantenían en el primer equipo, aunque sin el mismo brillo, opacados por el paso de los años, y que permanecieron en el primer equipo por lo valioso que significaba su experiencia en esos momentos de incertidumbre. El desafío para Colman no era nada fácil. Tenía que reemplazar nada menos que a "Perico" Marante, indiscutido baluarte de los grandes triunfos azul y oro en los años cuarenta.

No era por características de los que se achicaban en las topadas bravas. Por el contrario, se agrandaba... y de qué forma. En su primera temporada con la casaca auriazul compartió la base del equipo con estos jugadores: Diano; Colman y Otero; Sosa, Magnelli y Pescia; González, Moreno, Ferraro, Campana y Busico. Y cumplió con su cometido. Totalmente opuesto en el estilo que desplegaba su antecesor, llegó como aquel a la idolatría. Fuerte, expeditivo, seguro, no escatimaba fervor cuando las circunstancias se tornaban difíciles. No conocía los límites de la estética. Elástico a pesar de su contextura robusta, reconoció en ser torpe en más de una oportunidad. Pero qué importaba ese detalle mínimo, si los delanteros no pasaban. Sus espectaculares

intervenciones promovían el delirio del Nº12 como el sutil quite o el frágil enganche que desorienta al rival. El, ese libreto no lo conocía. Lo suyo era fuerza, todo fuerza.

Su seguridad, tanto en su rendimiento como en su presencia lo llevaron a formar parte de la selección argentina, cuando integró una gran defensa, calificada entre las mejores del fútbol argentino, junto a Mussimesi, él Edwards; Lombardo, Mouriño y Pescia. Todos fueron llamados para vestir la casaca nacional. Ya por entonces era indiscutido del puesto y ya era ídolo. Pelo negro corto, bigote delgado, las facciones macizas y rústicas de su rostro, su personalidad avasallante para convertirse en patrón desde el fondo de la cancha le valieron para que la hinchada lo apodara "El Comisario". Su fibra es factor decisivo para que Boca conquiste  luego de nueve años, una estrella, en el '54. Pero además de su tarea constante sirve para que el marco xeneize sea el menos vencido del torneo, con un promedio inusualmente bajo. Todos se reúnen para confirmar que el principal argumento de aquel equipo era su defensa y Colman su puntal indiscutible.

Juan Carlos Colman. "El Comisario" que patrulló el fondo boquense con seguridad y categoría.


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Desde el 15 de noviembre de 2000