MARIO EVARISTO


Mario Evaristo
Mario Evaristo

Barracas, allá por la década del '20, era cuna de malevos y buenos jugadores. Basta con detenerse en la larga lista de hombres que brillaron en el cielo futbolístico de la época para notar con asombro que, la mayoría de ellos, tuvieron sus primeros encuentros con la redonda en los campitos de la zona. Allí se recluía un número importante de conjuntos que jugaban en primera división: Sportivo Barracas, Barracas Juniors, Sportsman, Del Plata. Eran equipos que no sobresalían mayormente, a excepción de Sportivo, con casaca azul y blanca, a bastones delgados. Muchos de aquellos muchachos que se hacían valer en los potreros llegaban a la primera división en ese club, semillero de grandes cracks.

Quizá la versión más importante de Sportivo Barracas haya sido aquel equipo que jugó entre 1924 y 1926. En sus filas estaban Mario Fortunato, Felipe y Roberto Cherro, Juan y Mario Evaristo. Estuvo peleando los primeros puestos y logró la hazaña de igualar con el Boca Juniors, sensación del momento. Una de las cartas de triunfo de ese equipo era Mario "El Galgo" Evaristo.

Llegó al fútbol a través de su hermano Juan, que lo llevó para que se enrolara en las divisiones menores de Sportivo para rápidamente comenzar a destacarse por su velocidad. Era una luz cuando encaraba hacia el arco rival. Pocos conseguían explicar esa facilidad para tomar impulso y dejar atrás rivales que por más reacción que tuvieran no le podían dar alcance. "Yo era liviano y eso me favorecía", dice Mario Evaristo, que llegó a Boca Juniors en 1926. Desde entonces la punta izquierda del ataque boquense tuvo un exponente de primera línea. "Yo tiraba la pelota larga y la iba a buscar. No era muy hábil pero me alcanzaba con la rapidez". En los primeros momentos no fue titular. Llegó al fútbol a través de su hermano Juan, que lo llevó para que se enrolara en las divisiones menores de Sportivo para rápidamente comenzar a destacarse por su velocidad. Era una luz cuando encaraba hacia el arco rival. Pocos conseguían explicar esa facilidad para tomar impulso y dejar atrás rivales que por más reacción que tuvieran no le podían dar alcance. "Yo era liviano y eso me favorecía", dice Mario Evaristo,

que llegó a Boca Juniors en 1926. Desde entonces la punta izquierda del ataque boquense tuvo un exponente de primera línea. "Yo tiraba la pelota larga y la iba a buscar. No era muy hábil pero me alcanzaba con la rapidez". En los primeros momentos no fue titular. "Había buenos punteros en Boca. Estaban Dighero, Delgado, Bergamini y de vez en cuando Tarascone se pasaba hacia la punta derecha, aunque donde mejor se sentía era en el centro". En 1927 se consolidó como titular en el primer equipo. Siempre al lado de la raya, no importaba el costado; "era puntero-puntero y no tenía las mañas de los jugadores de ahora en eso del puesto fijo".

La selección nacional también contó con su presencia en los enfrentamientos importantes. Su recuerdo de la final ante Uruguay en el Mundial de 1930 lo hace como si estuviera viviendo el hecho. "Estábamos para ganar. Pero la cuestión estaba espesa. Nos habías amenazado antes del partido y si ganábamos ninguno salía vivo de la cancha. Pese a todo pudimos ganar, pero no vale la pena quejarse ahora". Se dio el gusto de que su hermano Juan jugara con la azul y oro. "El no quería venir, pero al final lo convencí. Jugó por el '30 unos partidos y se fue". Mario jugó en la primera de Boca Juniors hasta 1932, cuando tuvo un altercado con los dirigentes y junto con Tarascone y Cherro fue a jugar a Argentinos Juniors. Ya nunca más volvió a Boca. Pero nadie podrá olvidar esos desbordes, que eran peligro de gol cada vez que los realizaba.


Volver a Biografías


 

Volver a la portada

 


Desde el 15 de noviembre de 2000