MIGUEL ANTONIO NICOLAU


Miguel Antonio Nicolau
Miguel Antonio Nicolau

La voz del relator cambiando de tono, mientras la barrera cumplía la ceremonia de formar una trinchera, pero con mayor atención que en otras ocasiones ante el shoteador de turno. Cuando el remate partía con violencia inusitada y buscaba un destino que podía estar en la tribuna o en el fondo de la meta, la voz del relator presagiaba el final. El disparo era prácticamente imprevisible. Podía venir para cualquier lugar, superando el hueco de la barrera, por el costado o por arriba, pero siempre, eso sí estaba seguro en todos, sería imparable en caso de buscar el arco. El cañonazo lo disparaba Miguel Alberto Nicolau.

Una tarde en cancha de Vélez Sarsfield, Boca atacaba insistentemente buscando la victoria, pero las vías se reducían por el trabajo defensivo de los locales. Pero fue tanta la insistencia que en una jugada se dio y lo tuvo como protagonista de la definición. Fue a buscar una cortada de Potente y la pelota le quedó mansita ante un arquero que dudó entra salir o esperar el disparo. No hubo tiempo de recuperación. A la carrera y como venía, Nicolau lo fusiló a Caballero, que sólo intentó levantar sus brazos para cortar la trayectoria del balón. Fue gol y la red se estremeció. Un plateísta de Vélez comentó: "Si lo encuentra al arquero, lo mete con pelota y todo. fue un fusilamiento". Fue transferido a Olimpiakos de Grecia y no tardaron en llegar las expresiones de asombro de la prensa griega, que no tenía ejemplos anteriores de un jugador que pudiera imprimirle tanta violencia a sus remates. Recordaban en especial uno, el que empalmó en la puerta del área grande y se estrelló milagrosamente en el travesaño, y el rebote no pudo controlar un compañero suyo en su propio campo. Pero también se exageró: lo llegaron a comparar con Pelé. "Lo que pasa es que no estaban acostumbrados a ver un tipo grandote que pateara tan fuerte y como tenía muy buenas referencias de los sudamericanos me dieron mucha manija. Fue una linda experiencia, pero extrañaba mucho".

Llegó a Boca desde Corral de Bustos, para ser aceptado por sus condiciones y vivió en los primeros tiempos en La Candella. Fue comodín de Boca desde 1968 hasta que fue transferido a Grecia, para en su retorno afincarse  hasta ser transferido nuevamente como  primer zaguero central. En el '72 Meléndez sufrió una lesión que lo alejó mucho tiempo de la titularidad y tiene su reemplazante. Rindió a pleno con la virtud de su entrega física constante. Condenado a retornar y esperar su nueva chance, alguien le preguntó: "¿Y cuándo vuelve Meléndez?" Y contestó: "Y bueno, tendré que esperar otra oportunidad hasta

que se presente. Lo que me conforta es jugar en Boca en cualquier puesto.  Me siento bien de zaguero, pero con ponerme la azul y oro. Fue el sueño que tuve de pibe.

A partir de 1973 su sueño se cristalizó plenamente ya que además de retornar de su breve paso por Grecia, Rogelio Domínguez lo confirma como zaguero titular en donde se convierte en pilar de un equipo que hacía del toque un signo de distinción. Muchos se preguntaron por qué un técnico que propicia el juego atildado y seguro recurría a un hombre que poseía características totalmente opuestas a el estilo que quería imponer en Boca Juniors. "Nicolau es un jugador que por sus características es útil en cualquier estilo y en varias posiciones, aunque yo lo prefiero como marcador central, porque es donde puede hacer pesar su personalidad y fuerza". "Sí, yo sé que muchos creen que no puedo entrar en el toque --comentaba Nicolau--. Y es cierto, yo estoy para marcar rivales y mandarme adelante cuando la circunstancia es propicia y darle fuerte en los tiros libres. Que las pisadas y gambetas las realicen los otros". No fue el único que le discutieron en su más brillante pico que alcanzó estando en la primera de Boca. Expulsado en muchas ocasiones, todos lo sindicaban como un mal intencionado. "Los que dicen eso no me miraron bien --decía--. Con este físico a los delanteros apenas los cuerpeo se van de cabeza al suelo.. Algunos exageran y los árbitros se la comen. Pero te puedo asegurar que nunca voy con mala intención. Jamás quise lesionar a un tipo que está en lo mismo que yo. El día que lo hiciera no estaría gobernando mis razonamientos. Cuando me expulsaron con justa razón, nunca tuve problemas en aceptarlo y cuando saludo a los árbitros no es para que me perdonen en el informe, sino porque reconozco mi error".

Su paso por Boca se cerró en 1976, cuando un nuevo enfrentamiento con los dirigentes por su contrato selló su pase a Gimnasia y Esgrima La Plata. Se iba uno de los hombres que llegó a discutirle el puesto a Rattín, un símbolo perenne de un Boca glorioso. El de remates tremendos, el de la entrega total. El ídolo de la fuerza.


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Desde el 15 de noviembre de 2000