ORLANDO PACANHA CARVALHO



Orlando Pecanha Carvalho

CAPITÁN Y HOMBRE CLAVE

Orlando, en la simplificación tan grata a los brasileños. Campeón mundial en Suecia, pero no superior como jugador  en aquel 958 al que vimos posteriormente en Boca Juniors.

Cuando nuestro equipo se presentó en San Siro el 2 de septiembre de 1962, calificados críticos italianos destacaron que Orlando mostraba ahora una mayor flexibilidad de movimientos, una menos rígida concepción de su función defensiva que lo favorecía mucho con relación a la época en que integraba la selección brasileña.

Orlando vino al club contratado con magnitud de estrella refulgente. En la cotización personal, entre todos los jugadores incorporados en los últimos años, sólo lo superó Dino. En suma, que vino a Boca a forjarse una situación económica que seguramente le hubiera estado vedada de permanecer en el Vasco Da Gama carioca. Pudo haber sido ave de paso, y nadie habría encontrado motivos valederos para reprochárselo.

Pero se asimiló al clima boquense de una manera admirable. También al medio ciudadano, y hoy Orlando es casi tan porteño como carioca. Y se siente tan profundamente hombre de Boca Juniors que, por encima de todo aspecto, su mayor satisfacción y su auténtico orgullo es que se haya acordado la capitanía. Luce en el brazo la franja distintiva como si fuera una condecoración.

Con la misma pura alegría de las cosas que tocan gratamente los sentimientos más íntimos y con el total sentido de responsabilidad que ello importa. Como jugador, Orlando simboliza el concepto de equipo. Nadie como él desdeña tanto el lucimiento personal. Alguien - fue en un diario de la tarde - dijo en sus primeras presentaciones en nuestro medio, que su calidad "se trasunta hasta en la sombra que su figura proyecta sobre el piso". Pero muchas veces olvidó "jugar con claridad", porque las circunstancias obligan a hacerlo de otro modo.

No le importó dejar de lado la ortodoxia del fútbol si para salvar una situación debió apelar a un recurso que podía ser considerado poco elegante. Es que el lucimiento no le importa. Estando exclusivamente en lo suyo, su brillo personal pudo haber sido siempre mayor, pero Orlando juega para el equipo y no para él.

Muy pocos tienen tanto espíritu de sacrificio. cuando va a obturar un hueco no lo arredra el riesgo de quedar en situación desairada. En suma, el brasileño en un soldado de cabal sentido del cumplimiento del deber. Y lo cumple sin pensar en los galones. Y ello es más importante si pensamos en su trayectoria.

Títulos de campeón del mundo ni son muchos los que pueden ostentarlo. Por eso podría tratársele que alguna vez tratara de estar en divo. muchos otros, sin antecedentes, cultivan el divismo sin ser mayormente censurados. Pero es un profesional cabal, condición que debemos admirar y agradecer.

En la formación boquense es un resorte de vital importancia. Sin él, cualquiera fuera quien lo reemplazara, nuestra escuadra parecería incompleta. Vale en Orlando, fundamentalmente, la autoridad que ejerce sobre sus compañeros. Es capitán por derecho propio e indiscutible.

Fuente: Así es Boca (1962)


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