OSVALDO RUBÉN POTENTE


Osvaldo Rubén Potente
Osvaldo Rubén Potente

Pocas veces como en la mitad de la década del '70, el valor de las divisiones inferiores se mostró en toda su dimensión, con el seguimiento de nuevas figuras que en poco tiempo se convirtieron en ejes de un equipo con aspiraciones como Boca Juniors, responsabilidad que asumieron con la garantía y seguridad que brinda la calidad. Uno de esos nombres llegó a la cúspide del fútbol argentino, que si bien fue algo pasajero, como otros compañeros en esa camada de grandes cracks. Osvaldo Rubén Potente, "Patota" para todos los xeneizes que estuvo ligado a una época de oro del fútbol boquense.

Apareció en el equipo en 1971 junto con Galletti, Ferrero y Romero, hombres que a su turno tuvieron su oportunidad. Todo cambió en el anémico ataque boquense. El atrevimiento, la simplicidad y claridad en el manejo de ese hombre de baja estatura, regordete, le daba una fisonomía más pujante. Inmediatamente a su aparición se ganó el elogio de la crítica y la admiración de la tribuna. Desde el momento que llegó a la primera división hasta la consolidación hubo un trecho de cortas dimensiones. Apenas unos partidos en los que se confirmaba su jerarquía y el valor de su juego, sirvieron para convertirlo en el número diez del conjunto. ese año tendría una de las satisfacciones más grandes de su carrera deportiva, jugar al lado de su ídolo, Ángel Clemente Rojas, quien desde chico lo había maravillado con su juego brillante. "Rojitas" no estaba en su mejor forma, pero rápidamente congeniaron en su forma de sentir el fútbol, en los pocos encuentros que estuvieron juntos. Sin embargo sería con otro número nueve con quien Potente llegaría a entenderse a la perfección, Curioni. Opuesto totalmente en estilo, el cordobés pareció entender el lenguaje futbolístico de "Patota". Aprovechando las dotes de lanzador, el cordobés, un delantero de punta potente y veloz, usufructuó cada pase del infalible Potente, para ser ésa el arma más poderosa del conjunto xeneize entre 1972 y 1973. A fines de este año, el "Tula" es transferido a Francia y en 1974 Potente surge en toda su dimensión con la llegada de García Cambón. Este no era un delantero nato como Curioni y se tiraba atrás para traer juego hasta el área rival. Con Benítez completaban un trío rico técnicamente, capaz de originar los espectáculos de belleza inusitado. Potente ya no es exclusivamente el lanzador desde una posición estática en tres cuartos de cancha. Es el estratega alrededor de quien gira la responsabilidad de generar fútbol ofensivo constantemente, situación harto comprometida en un equipo que sustituía en la línea ofensiva. Sus rendimientos llevan a considerarlo como el mejor número nueve del momento y es cuestionada su inclusión en el conjunto que viaja a Alemania para afrontar el campeonato Mundial. Es una pregunta a la que muchos no encuentran respuesta. Cuando

retorna el equipo argentino luego de ser derrotado ampliamente y César Luis Menotti se hace cargo del seleccionado, lo nombra para integrar el combinado donde responde con su calidad. Ya su talento había madurado.

Sería 1975 un año en el que llegaría a su máximo rendimiento igualando el alcanzado en la temporada anterior, pero a la vez, significaría el fin de su paso brillante por Boca Juniors. A comienzos de año, presenta sus exigencias económicas ante los directivos, los que la consideran desmedidas y entran en un conflicto que es rápidamente superado, pero no olvidado, pero por los directivos. Rogelio Domínguez confía en Potente y lo nombre como uno de los hombres base de su equipo. Talentoso como pocos, es discutido por el aparente poco afán que pone ante las situaciones adversas. Sin embargo en los momentos en que surge su calidad, todos los cuestionamientos son archivados. Figura clave en el equipo que en el torneo Metropolitano cumple un gran desempeño, acercándose al título en las últimas jornadas. Sigue siendo una de las figuras importantes en el Nacional, pero el equipo decae notablemente y uno de los acusados es Potente. Se va Domínguez y llega Lorenzo, los directivos ante un nuevo planteamiento sobre sus exigencias económicas, deciden venderlo a Rosario Central a comienzos de 1976. Se cerraba un ciclo brillante.

Muchas fueron las tardes en que Potente lució todo su esplendor. "En su buena época, Potente fue un jugador inigualable en su juego", llegó a decir Osvaldo Ardiles, analizando a los estrategas de nuestro fútbol. Y no estaba equivocado. Potente fue un símbolo de un Boca ofensivo, ambicioso, que no logró títulos por esa cosas del fútbol. Una noche tuvo una gran revancha. Fue ante River Plate en el estadio Monumental por el Metropolitano de 1975. Comprometida la posibilidad de coronarse campeón por parte de los millonarios, se enfrentaron los clásicos rivales. Como contestando a la clásica gallina que se arrojaba en todos los encuentros ante River Plate, sus simpatizantes arrojaron al campo de juego un cerdo con la camiseta de Boca y el número diez en la espalda. El partido fue de trámite parejo y sobre el final del encuentro, Potente, con un tiro libre excelentemente colocado, dejó parado a Fillol e hizo estremecer la chance de River. Fue doble el desquite. Destruyó toda la ironía de la burla y borró aquella tarde del '74 cuando provocado por los rivales reaccionó contra el árbitro y fue expulsado. Sus duelos con Reinaldo Carlos Merlo, centrocampista de River Plate, fogoso y torpe, eran un condimento especial para los clásicos. "Merlo me da, pero siempre va de frente y eso es importante, porque no hay mala intención. Adentro de la cancha somos rivales a muerte, pero afuera compartimos un trago como amigos". Fue el ídolo de una época de buen fútbol en el equipo azul y oro. Se cortó por esas cosas que tiene el fútbol y son ajenas al gobierno del hincha. Iba camino a ser un grande.

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