ROBERTO EUGENIO CHERRO


El eterno goleador


Roberto Cherro
Roberto Cherro es el máximo artillero de Boca Juniors de todos los tiempos con 212 goles, 112 en la era amateurs y 100 en la profesional. Algunos, equivocadamente, le dan a Francisco Varallo ese título, pero sólo cuentan los goles que "Pancho" hizo en la era profesional. En este punto, debemos recordar que Boca Juniors nació el 3 de abril de 1905 y no en 1931 cuando comienza la era profesional.

Roberto Cherro nació el 23 de febrero de 1907 en el barrio de Barracas, Capital Federal. Acaso para muchos boquenses este nombre no diga nada. Pero este hombre fue un personaje que caló hondo el la sensibilidad popular y llegó hasta las entrañas más profundas de la historia de Boca Juniors. Nadie sabrá quien fue el que en un rincón del tablón pronunció su apellido con acento italiano --Cherro-- y a partir de entonces todos los simpatizantes lo reconocieron con ese apelativo. Siempre fue Cherro, luego de que alguien pusiera en el papel ese rebautismo de los hinchas.

Cuando sólo tenía diez años, su hermano Felipe Cherro lo llevó a Sportivo Barracas para que comenzara a hacer sus primeras armas futbolísticas. Su barrio natal era cuna de grandes futbolistas. Para diferenciarlo de su hermano lo llamaron "Cherrito". A los 17 años debutó en primera división en un match contra Porteño, cayendo por 1 a 0. En 1925 cumplió un breve paso por Ferro Carril Oeste integrando una cuarta división magnífica junto a Arico Suárez, Grimoldi, D'Alessandro y Cesarini. Otro paso fugaz por Barracas Juniors para incorporarse luego a Boca, donde escribiría sus páginas más gloriosas.

Al poco tiempo de haber iniciado su trayectoria como jugador se desligó del apodo familiar para emparentarse con otro que hacía a su forma de jugar, "El Apilador". Ya no era el jugador que necesitaba del apoyo de su hermano Felipa, el gran zaguero. Era un crak que tenía dimensión propia, magnitud que alcanzaba cuando iniciaba su marcha realizando insólitos arabescos en su gambeta, capaz de desconcertar a varios contrarios al mismo tiempo. Era un apilador sin vueltas. Regordete, pesaba 80 kilos, cabezón y de cara redonda. No representaba la imagen cabal de un altleta. Pero quién podía fijarse en su formación física cuando era capaz de realizar maniobras tan imprevistas como hermosas. Fue admirador de Manuel Seoane y de él adoptó muchas virtudes de juego.

Ya en Boca, su juego fue cambiando. Al comienzo seguía siendo el empedernido gambeteador que no dejaba el balón en un solo momento. Pero muchas veces ese romance con la pelota perjudicaba el funcionamiento del conjunto. Mario Fortunato y Alfredo Elli trataron de convencerlo de que debía cambiar su estilo para el bien del equipo. Así lo comprendió Cherro. Los consejos experimentados sirvieron para que el proceso fuera tan rápido como útil. De esta manera quedó atrás el apilador y nació el jugador práctico, efectivo y contundente que renegaba del lucimiento personal para ponerse al servicio de Boca. Allí definitivamente se consolidó como crak.

La selección argentina también requirió su presencia. Eran épocas donde sobraban los buenos atacantes y ocupar una plaza en el combinado era un alto honor. Sin embargo la trayectoria con la casaca celeste y blanca fue breve. Sólo completó veinte partidos internacionales y trece goles convertidos. Sufrió lesiones que lo marginaron de muchos compromisos importantes, como la final de los Juegos Olímpicos de Amsterdam en el '28 y casi todo el Campeonato Mundial de 1930, donde sólo jugó un encuentro. recordar aquella tarde cuando convirtió cuatro goles a los uruguayos, el 5 de febrero de 1933, es un hecho impostergable.

Faltaban sólo quince minutos para que el encuentro tocara a su fin. Los presentes ya se resignaban a que la historia se volviera a repetir. Nuestro combinado no podía con los orientales. Nadie creía. Cherro sí. En una seguidilla increíble, teñida de su gran clase de jugador, convirtió cuatro goles que llevaron el marcador   a cifras más que concluyentes -- 4 a 1 --: ganó la selección argentina.
Ya por entonces era "Cabecita de Oro" por su habilidad para conectar los envíos aéreos. Pero en su madurez era el implacable conductor de ataque, sereno y preciso en la distribución del juego, seguro en el momento de la definición. En 1932 tuvo un altercado con los dirigentes boquenses que hizo que se alejara del primer equipo. La ausencia de Cherro resintió seriamente el funcionamiento del conjunto. Luego de muchas reuniones conciliatorias se llegó a un acuerdo total, retomando el primer equipo en la 17ª fecha, ante Huracán. Cherro dijo a sus compañeros en los vestuarios: "Muchachos, yo no pensaba jugar hoy; el acuerdo se hizo muy rápido y ya había contraído un compromiso, así que vamos a hacerles varios goles de entrada así se van de la cancha". Todos lo miraron y se sonrieron. Cherro siguió y lo llamó a Sánchez para indicarle: "Vos estate atento a las cortadas dentro del área". Ya en el encuentro se la pasó a Sánchez y éste puso en ventaja a Boca cuando sólo se llevaban cumplidos 6 minutos de juego. A los 25 minutos un calco de esta jugada alejó más las diferencias. A los 12 minutos del segundo tiempo Varallo puso el 3 a 0. Los jugadores de Huracán protestaron; escándalo y expulsiones a la orden del día. El "Globito" se retira de la cancha faltando disputarse aún media hora de juego. Cherro se sacó el gusto.

Jugó en primera división hasta 1938. En el '39 los dirigentes boquenses lo invitaron para jugar en reserva pero no lo aceptó. Sin embargo al fútbol lo llevaba en la sangre y continuó jugando para Boca Juniors en el equipo de la mutual de veteranos. Atrás quedaron 13 años de gloria, cuatro títulos, muchos golazos. Siempre quedó el crak y su pasión por Boca.


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Desde el 15 de noviembre de 2000