ROBERTO DOMINGO ROGEL


Roberto Domingo Rogel
Roberto Domingo Rogel

Fines de 1967 y como hemos dicho en la historia, los últimos rasgos del invulnerable están definitivamente perdidos. No queda nada. Llega el momento de la renovación. Boca deposita su mirada en el equipo titular de Gimnasia y Esgrima La Plata. Roberto Domingo Rogel y Mario Pardo son los que ingresan a la institución de la ribera. De los dos, el que mejor fortuna tendría, sería el zaguero mendocino, que durante siete años en forma consecutiva, fue dueño exclusivo de la número seis. Desde la primera fecha de 1968 hasta la primera rueda de 1975, cuando fue transferido al fútbol mexicano.

Junto con Julio Meléndez Calderón forma una zaga difícil de superar. Habilidad y técnica eran las condiciones que sobresalían en el moreno; fuerza y seguridad eran las virtudes que poseía Rogel. El hombre de punta rival era presa de ese hombre que le luchaba la posición. Muchas veces escuchó los insultos de la tribuna contraria, condenándolo como mal intencionado. Nadie mejor que Rogel para aclarar esta situación. "Nunca traté de estropear a un jugador; más que eso a un hombre que está en lo mismo que yo. Los insultos no los escucho. Yo juego siempre a ganar y pongo todo lo que tengo para hacerlo". No le gustaba perder en ningún lado, ni siquiera en los juegos que se realizaban para pasar el rato en la intimidad de la concentración. En la cancha ponía el mismo fervor que en los momentos de distracción.

Un tipo ganador. Un hombre importante para cualquier equipo que con aspiraciones al título necesitara del temperamento para alcanzar la conquista. No fue un buen año el primero que militó en Boca, aunque al final de año el equipo repuntara y estuviera cerca de entrar en la definición del campeonato. En la temporada siguiente el mejoramiento  que se le había evidenciado en la

temporada anterior se traduce en un equipo de ambiciones de la mano de Alfredo Distéfano. El Metropolitano lo deja como uno de los mejores equipos y quedan al margen de las instancias finales por un gol menos a favor. En el Nacional llega la confirmación del repunte xeneize y también de la importancia de Rogel. En un conjunto ofensivo por naturaleza, la figura de Rogel cobra importancia en esa formación que marcó claras y contundentes diferencias y con justicia se llevó el título. Fue su segunda estrella en Boca Juniors.

La primera había sido la Copa Argentina, cuando superó a Atlanta en las instancias finales. Al año siguiente una nueva estrella, con el mismo estilo y con escasas modificaciones en la base del equipo. En la final con Rosario Central, una lesión lo postergó de la posibilidad de dar una nueva vuelta olímpica en el Monumental. En el '71 el conjunto declina y en la Copa Libertadores se produce aquella noche negra ante el Sporting Cristal. Fue uno de los protagonistas de ese escándalo de proporciones. Siguió en Boca hasta 1975. Se fue Meléndez y a su lado estuvieron Roberto Mouzo y Claudio Casares. Cuando retorna Nicolau de Grecia, pasan a formar una zaga donde no caben las exquisiteces, pero sí de seguridad. Parte vital  de aquel gran equipo de 1974, que se quedó con las manos vacías, ingresó ese año a la selección argentina. César Luis Menotti, que por entonces iniciaba su trabajo al frente del combinado, lo designa para el partido contra España. El gol argentino es mérito de un frentazo suyo que deja sin chance al golero europeo. Al año siguiente, a mitad de la temporada, cierra su actuación en la ribera. Dos son las causas que aceleran su final. Una, cuando a comienzos de año, junto a otros compañeros, protestan por la firma de un contrato y no juegan los primeros encuentros del Metropolitano. Y la segunda cuando protagoniza un encontronazo con Morete, centrodelantero de River Plate y a pesar de no ser expulsado es duramente castigado por el tribunal de disciplina. Ya no volvió a integrar la formación titular y cuando estaba en condiciones de actuar, fue relegado al banco de suplentes. Ya había llegado su final.


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Desde el 15 de noviembre de 2000