ROBERTO MOUZO


Pernía y Mouzo
Vicente Alberto Pernía y Roberto Mouzo

Creemos que no existen las palabras para hablar o describir a Roberto Mouzo como jugador y como persona. Un futbolista que lleva a Boca Juniors en su corazón, en el alma, en las venas...
No en vano es el futbolista que más jugó en toda la historia de nuestro club: 396 encuentros oficiales. Además junto al recordado Silvio Marzolini, son los futbolistas que más superclásicos oficiales, disputaron: 29 cada uno.
Se hizo en las divisiones inferiores de Boca. Allí empezó el idilio con la institución.
Jugó en la primera división desde 1971 hasta 1984. En diciembre de ese año, se puso por última vez la casaca azul y oro. Fue en cancha de Huracán, donde Boca Juniors derrotó a Rosario Central y lo mandó al descenso.
Trece años de pura gloria en la primera Xeneize. En sus comienzos, Mouzo jugaba de N° 2 junto a Roberto Rogel, luego empezaría de N° 6, su puesto natural.
Ganó todo con Boca Juniors, Campeonatos Nacionales, Metropolitanos, Libertadores e Intercontinental. También dio la vuelta olímpica en el Boca, versión 1981 de Maradona y Brindisi, entre otros.
Roberto Mouzo, con su garra, con su estado físico siempre impecable, con su fortaleza física y anímica, sumadas a su hombría de bien, supo ganarse el respeto y el cariño eterno de los hinchas Xeneizes.
Fugaz paso por Estudiantes de Río Cuarto (Córdoba), en un Campeonato Nacional. En un encuentro, disputado también en cancha de Huracán, tuvo la responsabilidad profesional de patear un tiro penal. El rival era nada más ni nada menos que su amado Boca Juniors. Mouzo tiró y convirtió el tanto, bajó la cabeza y caminó lentamente hacia el centro del campo de juego.
La tribuna de Boca aplaudió el gol y ovacionó al jugador.
Tiempo después, Roberto Mouzo nos confesaría que en ese encuentro vivió una de las tristezas más grandes de su carrera, al haberle hecho un gol a Boca Juniors. ¡Un grande con todas las letras!. Hoy en día dirige a una de las categorías de divisiones inferiores de Boca Juniors, sacándolo campeón.

Gracias Roberto por tanto sentimiento hacia Boca Juniors.


Roberto Mouzo
Roberto Mouzo (FOTO: Boca "el libro")

Ampliación de la biografía:

Fue nombrado el mejor defensor en la temporada 1976, y de esta manera, con la continuidad suficiente en el primer equipo, se consolidó como el estupendo zaguero que había prometido cuando apareció en las divisiones menores. Un muchacho de la Boca, que se formó desde las divisiones menores, hasta consolidar su sentimiento por esos colores que quiso desde pibe, entregando hasta lo último de su esfuerzo físico dentro de la cancha para que Boca llegara a la victoria. Roberto Mouzo es un ídolo dentro de la afición boquense por la meritoria trayectoria que tuvo en el primer equipo.

Cuando apareció en el primer equipo fue número dos, al lado de Roberto Rogel, el experimentado defensor que aconsejó al joven elemento que llegaba a cristalizar el sueño del pibe. En un primer momento era zaguero de esos recios, que no contemplaban otra alternativa que alejar  el peligro lo más lejos posible de su área. Seguro, elástico y firme, se consolidó con esporádicas apariciones en el primer equipo. Delante suyo estaban dos monstruos indiscutibles en la formación titular: Rogel y Nicolau. Pero Roberto Mouzo, que fue uno de los elementos surgidos en esa camada feliz que apareció entre 1970 y 1974, esperaba su oportunidad, con la paciencia que tienen aquellos hombres que están seguros de sus condiciones.

"Nunca me desesperé. Sabía que tarde o temprano tendría mi oportunidad definitiva y que cuando llegara tendría que aprovecharla al máximo para después no arrepentirme. Tenía confianza del técnico, quien me dijo que me tenía en cuenta para el equipo titular". La oportunidad llegó en la segunda rueda del Metropolitano de 1975, cuando Roberto Rogel fue transferido al fútbol mexicano. "Rogel tuvo aquel encontronazo famoso con Morete y fue suspendido por seis fechas. Rogelio Domínguez me dijo que yo era el hombre para ocupar esa plaza y que si le respondía sería el titular. El equipo venía mal y a partir de esos momentos empezamos a ganar seguido, tanto es así que terminamos peleando el título. no falté a ningún partido y Domínguez me confió la titularidad."

Titular indiscutido a partir desde ese momento, en 1976 Juan Carlos Lorenzo lo confirma como pilar del equipo. "Sí, Lorenzo me dio el espaldarazo definitivo. Entre todos los Boca que integré creo que ése fue el mejor de todos. Tenía fuerza defensiva y cuando atacábamos éramos infalibles. Con Domínguez jugábamos más suelto pero te puedo asegurar que con este equipo, finales que íbamos la ganábamos. Era insuperable, había gente con mucho oficio. Lorenzo me puso como stopper y allí me sentí cómodo y fui útil al equipo. Era Boca un equipo poco menos que invencible. Con el "Chapa" Suñé era todo más fácil, los rivales que venían desde atrás, llegaban desarmados."

Doble campeón en esa temporada, fue lentamente adueñándose del prestigio y el respeto dentro del medio. Encumbrado entre los mejores de su puesto continuó siendo el mismo modesto muchacho que llegó a la rivera con ganas de triunfar. Llegó la Copa Libertadores y Mouzo fue uno de las figuras del equipo boquense que conquista este torneo. Pero una circunstancia muy especial envolvió su participación en la final. "Jugamos ciento veinte minutos y no le pudimos hacer un gol a los muchachos del Cruzeiro. Parecía que ese arco estaba embrujado. Fuimos a los penales y como yo era el encargado de tirarlos normalmente, fui el primero en rematar. Había errado uno contra Libertad de Paraguay en la Boca, cuando estábamos empatando y faltaba poco para terminar. y contra Vélez Sarsfield en el torneo Metropolitano, Falcione me había parado uno. No andaba derecho. Pero me tenía confianza. Cuando tiré, lo hice fuerte y a la derecha; el arquero fue a la izquierda. La pelota pegó en el palo. No lo podía creer. En un primer momento pensé que todo se había ido al diablo, pero vi que el árbitro hacía señas que no valía. Me volvió el corazón a su lugar. Lo pateé en segunda instancia y le di con todo, fue gol. Después el "Loco" le atajó un penal al Negro y dimos la vuelta olímpica." Otra vez más salió campeón de América en el '78, y en el final todos lo eligieron como una de las figuras que tuvo la marcha del impetuoso Cali dirigido por Carlos Salvador Bilardo. Fue la figura del partido. Volvió a ser aquel Mouzo impasable, seguro y plástico que anula el ímpetu de los adversarios, en este caso, anulando a una figura clave como lo es Néstor Scotta. No pudo viajar a Alemania para jugar la final con el Borussia, por una lesión. "La verdad me moría de ganas por jugar, pero estaba lesionado. Ahí empezó una racha increíble de lesiones, que me alejó del primer equipo."

Su condición física exigía un esfuerzo continuo en busca de mantener su mejor nivel. "Si yo hubiera tenido que hacer los esfuerzos que hace Roberto para mantener el físico, no hubiera jugado al fútbol ni la mitad de catorce años." Así Antonio Rattín definía la forma sacrificada con que Roberto encaraba cada entrenamiento. En el '79 sufrió un gran revés con la pérdida de la Copa Libertadores. "Andaba de lesión en lesión y no estaba en mi mejor forma. Jugué la final contra el Olimpia de Paraguay y creo que nunca me voy a perdonar el primer gol. Me equivoqué en un quite y de la continuación llegó el gol. No lo podía creer. La final la jugó Capurro y yo la vi desde afuera. Sufrí cualquier cantidad, pero ellos se defendieron bien y se llevaron la Copa. Fue una gran tristeza de la que nos costó recuperarnos."

Salió campeón también junto a Maradona y Brindisi en aquel equipo de 1981 dirigido por Silvio Marzolini.

Nadie puede dudar de su forma de entregarse dentro del campo de juego por los colores auriazules. Es un ídolo y como tal hay que respetarlo.

Roberto Mouzo junto a sus compañeros, saluda luego de un triunfo
El saludo triunfal del equipo xeneize liderado por Roberto Mouzo con su Nº 6


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Desde el 15 de noviembre de 2000