RUBÉN JOSÉ SUÑÉ



Rubén José Suñé (FOTO: Boca "el libro")

Fines de 1973. Rubén José Suñé ingresa a Huracán luego de estar bastante tiempo inactivo, tras que Rogelio Domínguez lo declarara prescindible para la formación que intenta armar en Boca Juniors. Muchos aseguraron entonces que ya no volvería a vestir la camiseta que había lucido desde 1967, cuando hizo su aparición en el primer equipo.

Final del torneo Nacional de 1976. River y Boca se enfrentan con un título de por medio. Es un encuentro en donde la paridad parece difícil de definir. Falta calidad en el momento de definición. Las ideas se dejan llevar por la fuerza y el ímpetu. Tiro libre favorable a Boca Juniors a unos treinta metros de distancia. Puede haber un laboratorio. Pero no, arranca Rubén José Suñé y le pega. El balón dibuja una perfecta parábola que penetra por el ángulo izquierdo de Ubaldo Matildo Fillol, arquero riverplatense por ese entonces, y descansa el alarido del número doce en el fondo de la red. Fue el gol que definió el torneo, que le dio una nueva estrella al cielo boquense.

Entre ambos momentos, media la salida de un jugador defenestrado cuando estaba en la plenitud de su evolución y él retornó de la mano de Juan Carlos Lorenzo, ya con la madurez necesaria como para erigirse en caudillo de un equipo que no concebía otro final que los triunfos. Sus primeras palabras cuando volvió al club de la ribera fueron: "Esto es una revancha. Soy un profesional y debo acatar las órdenes. Si se me da la oportunidad de volver a Boca, es para demostrar lo que valgo, no para hacer pesar viejos rencores". Ya no era el marcador de punta tenaz en la marca, con buen panorama para proyectarse al ataque. Era el centrohalf que se adecuó a esa importante posición dentro del campo de juego y del equipo de Unión de Santa Fe. Distribuyendo con simplicidad el balón, poniendo garra y fuerza cuando el propietario del balón, era el rival, o siendo el desahogo del compañero comprometido. Era un jugador importante que se barajó como posible candidato a integrar la selección nacional en la etapa previa del Mundial '78. Aunque solo se remitiera a las charlas de café, claro índice siempre de la importancia de los hombres dentro del campo de juego.

Se inició en las divisiones menores de Boca Juniors, para ir escalando desde la novena hasta la tercera división. El titular poco menos que irremplazable era el "Cholo" Simeone y en reserva esperaba su oportunidad Raspo, que ya había alternado con diversa suerte en el primer conjunto. Pronto tuvo su oportunidad en el '67 y dividió el torneo en participaciones con el titular inamovible.. A comienzos de la temporada siguiente Simeone es dejado en libertad, para entonces si afirmarse en la titularidad. La confianza de los boquenses se depositó en ese hombre que prometía mucho desde su aparición en primera división. Se destacó rápidamente no sólo por sus condiciones en el puesto, sino también por la precisión con que ejecutaba los tiros penales. Muchos le reprocharon que siempre los rematara hacia la derecha del arco. Pero era tan precisa la dirección que tomaba el disparo, mejor colocado que potente, que indefectiblemente el balón terminaba en el fondo de la red. A pesar de que todos los arqueros sabían que el remate iría a ese rincón, pocos fueron los que consiguieron detener su disparo.

A poco tiempo de su aparición en primera división llegó la primera estrella. Fue en el Nacional de 1969. Al año siguiente otra estrella. Luego, el conjunto que había tenido su punto de partida en las manos de Distéfano y a posterior continuó con Silvero, fue perdiendo su vigencia. No así Suñé, que siguió siendo pilar de la defensa. Un notable bajón en 1972 hace que la renovación del conjunto sea casi completa. Queda Suñé. Pero a comienzos del '73 llega Rogelio Domínguez y es declarado prescindible por no entrar en los planes del técnico. Pasa el opaco tránsito por Huracán para después anclar en Unión de Santa Fe que, recientemente ascendido, quiere formar un equipo con aspiraciones. Empieza como marcador de punta, para después ser el centro campista, convirtiéndose en pieza clave del funcionamiento del conjunto albirrojo. Termina el año y en Boca se cierra la era Domínguez. llega Juan Carlos Lorenzo y junto a él ingresan Mastrángelo, Gatti y el "Chapa" Suñé, los tres cimientos de la formación santafesina.

Aunque las palabras de Suñé lo nieguen, fue sin duda la revancha, ante aquellos que certificaron su final cuando se fue de Boca Juniors. Se convirtió en conductor del equipo xeneize que se consagra bicampeón del '76. Llega la inolvidable noche de Montevideo que erige al equipo de la ribera en el rey de América. Otra Copa Libertadores y la Intercontinental se agregan en el '78. llega la declinación del equipo en el '79 y los éxitos se alejan. Sobre el final de la temporada una lesión lo aleja del primer equipo. Ahora sí, otra vez, todos creen el final. Cuesta volver luego de la operación a que debe ser sometido. Son tiempos malos. El conjunto sufre de las consecuencias de su entrega física total y el desgaste del plantel. El descenso asoma en su rostro ante los colores azul y oro. Vuelven los "viejitos" y con ellos el "Chapa" Suñé aporta su fervor para la levantada. "Físicamente se que estoy bien, pero tengo miedo de ir a trabar una pelota y que la pierna se quede. Es algo instintivo porque cuando metés la pierna no te fijás en nada. El problema es después cuando pensás que la próxima vez puede ser  en el que quedás con el pie a la rastra. Estoy un sesenta por ciento de mis verdaderas posibilidades. Creo que si supero esta situación, podré rendir lo que puedo". Pocos fueron los partidos en que Boca contó con su aporte. En un Boca en crisis su personalidad sirvió para darle mayor poderío a una formación que se descompensaba fácilmente ante las necesidades de triunfo. El "Chapa" transitaba su ocaso. Atrás quedaban siete estrellas en la que su juego fue importante para la conquista.


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