VICENTE ALBERTO PERNÍA


Llegó a Boca con el silencio que generalmente acompaña a los jugadores que se destacaron en otra institución y vienen a probar suerte en el club grande, donde tiene que hacer valer sus condiciones para ganarse un lugar. Llegó a Boca y de entrada debió afrontar un desafío grande, de esos que las circunstancias paralelas al fútbol suelen crear y no hay más remedio que superarlos. Porque a no dudar que Vicente Alberto Pernía venía desde Estudiantes de La Plata a ganarse un lugar en la primera xeneize y ganado éste de entrada por decisión de Rogelio Domínguez que dijo no necesitar los servicios de Rubén José Suñé, un ídolo de la hinchada boquense, de larga y meritoria campaña, depositaba entonces su confianza en el promisorio marcador de punta que ingresaba en la lista de jugadores que serían llamados a integrar la selección nacional en 1973 para jugar las eliminatorias.

Si ya era grande el compromiso para afrontar, debutar ante River le agregó un condimento al desafío de ganarse la confianza de la hinchada que tenía en Suñé a su hombre preferido. Pero en el Monumental, en la primera fecha del campeonato Metropolitano, todos comenzaron a olvidarse del marcador de punta anterior, para empezar a detenerse en ese hombre que se jugó con alma y vida en cada cruce, en cada trabada. ¿Quién es ese que se parece a Suñé?. Las diferencias eran físicas, no había grandes distancias técnicas entre uno y otro. La misma forma de correr, con los brazos recogidos, la misma inteligencia para ahogar al puntero contra la raya. No había signos de elegancia pero sí de fuerza y coraje. Ese hombre se ganaba un lugar en la vida boquense que se engrandecería con el correr del tiempo. "Vengo a demostrar que tengo todo para ser campeón con Boca" fueron sus primeras palabras cuando llegó a Boca Juniors.

Cada encuentro fue evolucionando en su juego. Su fuerte personalidad lo fue erigiendo en uno de los baluartes defensivos y pieza vital del funcionamiento de Boca. "De todos los equipos que integré, el de Lorenzo fue el mejor de todos. No te quepa dudas. No sólo por los títulos que se lograron, sino por el grupo que se formó, unido dentro y fuera de la cancha. Cuando se formó el conjunto vino gente experimentada y fuimos integrándonos hasta ser uno para todos y todos para uno. En los tiempos de Domínguez teníamos un juego vistoso pero a la hora de las definiciones nos faltó la suerte y la fuerza necesarias para ganar las finales. La diferencia entre ambos equipos estaba en el temple de cada uno, en los momentos decisivos. El equipo que dirigió Rattín tuvo muchos contratiempos, jugadores lesionados, suspendidos, un montón de cosas que se unió a la falta de motivaciones como las que tuvimos con el 'Toto' ". Varios fueron los cuartetos defensivos que integró. En el principio compartió la defensa con Nicolau, Rogel y Tarantini. Después con la llegada de Lorenzo con Sa, Mouzo y Tarantini, primero y Bordón después. "Nos entendimos a la perfección. La llegada de Sa nos dio una fuerza que antes no teníamos. 'Pancho' es un tipo bárbaro que te ordena dentro de la cancha. Mouzo es un perro de presa. Tarantini y Bordón dos grandes jugadores. Además teníamos la ayuda de dos fieras que en el medio eran Suñé y Jorge Daniel Robolzi".

En 1976 se dio el gusto de salir campeón con Boca, por partida doble. Primero en el Metropolitano y después en el Nacional. Al año siguiente llegó la primera Copa Libertadores de América. "Nos teníamos una fe bárbara que íbamos a ganarla. Después que le ganamos a River no dudé que seríamos campeones. Ganamos el grupo sin que nos hicieran ningún gol. Después eliminamos a Cali y llegamos a la final con el Cruzeiro. ganamos acá, y allá Nelinho metió un zapatazo desde la casa y a otra cosa. Tuvimos que jugar el alargue. No le pudimos meter ningún gol durante todo el partido, aunque creamos cualquier cantidad de oportunidades. Tuvimos que ir a los penales. Mouzo tiró el primero en el palo, me quería morir. El árbitro dio por adelantado al arquero y lo anuló. Después el 'Loco? metió la mano y chau. Fue una de las alegrías más grandes que viví en mi vida".

Siguieron las copas, otra Libertadores y después la Intercontinental. Siempre con la misma fuerza y tesón en la marca, la proyección. Una de las fórmulas preferidas por Lorenzo era el toque corto de Suñé para el pique sorpresivo de Pernía, centro al ras para el compañero para el centro del área. Después el equipo comienza a declinar, pero Pernía es uno de los valores más regulares del conjunto que lucha por quedarse con los títulos, que finalmente resigna. Llegan los tiempos de mala racha. Las palabras se tornan agresivas. Pernía es uno de los pocos que asume con decoro la derrota. "Felicito a Olimpia por el título que ha logrado. Nosotros pusimos todo de nuestra parte para quedar la defensa de los paraguayos que no pudimos. Se perdió la Copa Libertadores de 1979 ante un gran equipo". Esto lo dijo pocos instantes después de finalizar el encuentro con Olimpia donde Boca resignó su condición de campeón de América. La sonrisa del éxito le es esquiva a esos hombres que tanto hicieron para lograrlo y mantenerlo. "Esos mismos dirigentes que ahora nos acusan de habernos llevado todo el dinero del club, antes del partido nos daban cualquier cosa para que ganáramos la Copa". Pernía sostenía su verdad. Llega 1980 y siguen las malas épocas. El fervor y la personalidad de el "Tano" lo erigen en caudillo de la recuperación de Boca Juniors en la segunda parte del Metropolitano de ese año. Ya es la "Fiera", que promueve la exclamación de su tribuna, el respeto de los simpatizantes rivales. Es sin dudas el mejor número cuatro del país, aun cuando no tenga una plaza en el equipo campeón del mundo. Todos coinciden en la calificación  que merece este gran jugador, ídolo de la hinchada boquense. "Quiero terminar mi carrera en Boca". Su anhelo se jugaba en el contrato a comienzos de 1981.

Vicente Alberto Pernía
Vicente Alberto Pernía en toda su plenitud ante Libertad de Paraguay en la Copa Libertadores de 1977


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