VICENTE HÉCTOR CUSATTI


Vicente Héctor Cusatti
Vicente Héctor Cusatti, fuerza y contundencia en la punta izquierda que se complementó perfectamente con el caudal técnico de Roberto Cherro

Las tranquilas tardes de 9 de julio veían desperezar su pesadez en el picado que los muchachos desplegaban todos los días después del almuerzo. Era la cita inevitable que reunía a los mejores valores del lugar. Entre ellos había uno que se destacaba por su pícaro manejo del balón bajo la talentosa orden de su pierna izquierda, veloz e inteligente para llegar al área rival. No se equivocaba jamás en lo que debía hacer con el balón cuando se acercaba a las proximidades de la zona peligrosa. Si tenía espacio para buscar el arco rival lo hacía. Si los caminos se cerraban tocaba inmediatamente a un compañero mejor colocado. era carta de triunfo, Héctor Vicente Cusatti.

Una de esas siestas que él despreciaba para manejar una pelota se le acercó un desconocido y le dijo: "¿No te gustaría jugar en Boca?". Extrañado lo miró Cusatti y respondió: "¿Usted está loco...?" "¿Por qué? ¿Creés que no serás tan bueno en Buenos Aires como lo sos aquí?". Su sorpresa fue aumentando. "¿Yo jugando en Buenos Aires y en Boca? Me está tomando el pelo..." Dio media vuelta y se fue para meterse en el picado. Sin embargo, en su mente danzaba ese duende con camiseta azul y oro que ese hombre a quien no conocía le había creado poco antes. Todas las ilusiones que se podía imaginar alguien de un pueblo se reunían en ese personaje mágico que persiguió las noches sin sueño del muchacho. Insistió el desconocido y al fin tuvo éxito. Una siesta que Cusatti despreciaba para jugar "a la pelota", esperaba impaciente la llegada del tren que lo trasladaría a la Capital Federal.

Sencillo, de poco hablar, apenas llegado a la gran ciudad quedó sorprendido por su imponencia. De inmediato fue hacia la Boca para presentarse ante Roberto Cherro para quien llevaba una carta de recomendación. Cuando tuvo ante sí al inolvidable "Cabecita de Oro", dijo a modo de presentación: "Yo quiero jugar en Boca y deseo que me pruebe" mientras entregaba el presente que le había dado aquel señor, que cumplía la tarea de descubrir cracks para llevarlos a la institución de la ribera. Accedió Cherro y dos días más tarde tuvo la oportunidad de lucir la casaca azul y oro sobre su pecho en un encuentro ante Peñarol de Montevideo, donde se probarían a los jugadores para la temporada de 1934. "Desde el día de su debut contra Peñarol se ganó el puesto con todo derecho --contaba Cherro--. Recuerdo que cuando le hice el primer pase, salió corriendo como una locomotora, se le escapó al half, pasó de

largo al back y cuando tiró al arco la pelota salió  sacándole chispas al travesaño. Estaba sorprendido por esa jugada. Pero como después la repitió toda la tarde, tuve que llegar al convencimiento que se trataba de un buen elemento que ni hecho a medida podía ser mejor para Boca".

El 18 de marzo de 1934 tuvo su bautismo oficial en la cancha de Boca Juniors ante Huracán, compartiendo la línea de ataque con Luis Sánchez, Delfín Benítez Cáceres, Francisco Varallo, Roberto Cherro y él. Cuatro fueron los goles que logró aquella delantera esa tarde. Dos veces "Cañoncito", aprovechando dos centros que había servido aquel rápido puntero izquierdo, sacó ventaja para los xeneizes. Cherro con un cabezazo, convirtió el tercer tanto. El cuarto fue un calco de la maniobra que relata Roberto Cherro. Pase en profundidad y Cusatti que remata a la carrera haciendo ingresar el balón por el ángulo alto de la valla. Un golazo.

Siempre humilde y simple se ganó el respeto y la admiración del número 12. Cherro, su padrino futbolístico, lo caracteriza de esta manera: "Cusatti era un muchacho tímido que parecía avergonzarse  entre los cracks que vestían la azul y oro. Seguramente se consideraba fuera de lugar en un ambiente de grandes figuras y de ahí que pensara que estaba cometiendo una usurpación o poco menos". Así se ganó un lugar entre las grandes figuras de boca Juniors. Una porción de gloria que temió como cuando preguntaron si quería jugar en Boca. Es que muchas veces cuesta despertar de un sueño tan hermoso. Cusatti siguió viviendo su ilusión al sonar de goles y aplausos.


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Desde el 15 de noviembre de 2000